Escrito por Jennifer Chien
Editado por Ariel Tsai
Traducido por Gabriela Guandique
La mañana del 9 de marzo de 2026, el sol brillaba en Los Ángeles con un clima que ya empezaba a sentirse cálido. Los vientos de Santa Ana de la noche anterior recordaron a muchas personas los incendios forestales del año pasado, que afectaron a cientos de miles de residentes.
Ese día, cuatro voluntarios de Tzu Chi llegaron a un apartamento en Pasadena con frutas, verduras y alimentos no perecederos. Tocaron la puerta de la familia Amezcua: María, su esposo José y sus tres hijos.
La ansiedad después de los incendios
La familia Amezcua perdió su casa, donde vivió durante los últimos 21 años, en el incendio de Eaton ocurrido en Altadena, California.
Al entrar, los voluntarios vieron que en la sala del apartamento de dos habitaciones habían colocado dos sofás cama. En una esquina estaba la caja de su perro, y la pequeña cocina estaba llena de alimentos. Después de perder su hogar, su vida se sentía como un rompecabezas hecho pedazos. Poco a poco, intentaban reconstruirla, paso a paso.
Incluso después del incendio, el estrés y la tristeza seguían presentes en la familia. José compartió: “Rentar un apartamento no se siente realmente como un hogar. Los niños y el perro pasan todo el tiempo adentro, sin tener a dónde ir, y no hay ese sentido de pertenencia”.
La ansiedad constante los fue desgastando emocionalmente. En algunos momentos, intentaron sobrellevarlo comiendo de más, y toda la familia subió de peso rápidamente, lo que también empezó a preocuparles por su salud.
Los voluntarios escucharon con atención y una sonrisa cálida mientras la familia compartía sus sentimientos. Luego, les presentaron los ingredientes que habían llevado y explicaron cómo las comidas vegetarianas sencillas y saludables pueden ayudar a recuperar el equilibrio del cuerpo y la mente.
También les sugirieron probar una o dos comidas ligeras al día, como una forma de calmarse y, poco a poco, recuperar la estabilidad emocional.
Un hogar reducido a cenizas
Más tarde, el grupo visitó el lugar donde se está reconstruyendo la casa de la familia Amezcua.
En el terreno donde antes estaba su hogar, ahora se construyen una casa principal y una casa adicional. Si todo avanza según lo planeado, la familia espera poder regresar en dos o tres meses.
María recordó: “La noche del 7 de enero de 2025, el viento era increíblemente fuerte. Llevo muchos años viviendo aquí, pero nunca había sentido vientos así en Santa Ana. Me dio una sensación extraña, así que grabé algunos videos en el patio y se los envié a mis familiares”.
Continuó: “Nunca recibimos una alerta de evacuación. Fue hasta la madrugada del 8 de enero cuando familiares y amigos empezaron a llamarnos para decirnos que había un incendio cerca y que teníamos que salir de inmediato.” La familia empacó rápidamente algo de ropa.
“Como a la 1 de la mañana, el fuego ya había llegado a la calle de enfrente. Las llamas iluminaban el cielo y el humo cubría todo el vecindario. Apresuramos a los niños y a nuestras mascotas y salimos de la casa en la colina”.
Solo unas horas después, sus vecinos les dieron la devastadora noticia: toda la comunidad había sido consumida por el fuego. De su hogar solo quedaron dos palmeras en la entrada y el pequeño estanque de tortugas en el patio.
El anillo de bodas de María, fotografías familiares acumuladas durante años, recuerdos de la infancia y muchos objetos llenos de significado… todo quedó reducido a cenizas tras el incendio.
“Muchas personas perdieron la vida en este incendio. Que nuestra familia haya logrado salir a salvo ya es la mayor bendición”.
Maria Amezcua Sobreviviente de los incendios en Los Ángeles
Aunque lo habían perdido todo, la vida tenía que seguir adelante.
Los desafíos de reconstruir
La pareja, que tiene un negocio de limpieza de casas, comenzó de inmediato a buscar recursos para reconstruir su hogar.
Afortunadamente, contaban con un seguro de vivienda que cubrió el alquiler durante el proceso de reconstrucción. Además, un cliente de muchos años les ayudó a conseguir un apartamento de dos habitaciones por 1,800 dólares al mes, aunque el costo habitual era de $2,800, lo que permitió que la familia pudiera establecerse rápidamente.
Pero el mayor desafío seguía siendo reconstruir su hogar.
El seguro les otorgó 358,000 dólares, pero después del incendio, los costos de construcción y mano de obra aumentaron considerablemente. Esa cantidad no era suficiente. “Comenzamos la reconstrucción en septiembre del año pasado”, dijo María mientras observaba a los trabajadores en el lugar. “Desde solicitar permisos y encontrar trabajadores hasta comprar materiales: lo hemos hecho todo nosotros mismos”.
En algún momento pidieron un presupuesto a una empresa constructora, pero solo reconstruir la casa principal costaría 1,2 millones de dólares. Finalmente, con el apoyo de familiares con experiencia en construcción, decidieron encargarse ellos mismos del proyecto.
Sin embargo, ni María ni José tenían experiencia en construcción. José explicó: “Somos inmigrantes de primera generación y nuestro inglés no es perfecto. Para solicitar los permisos ante la ciudad, tuvimos que dedicar mucho tiempo a investigar y comprender las regulaciones. Claro, cometimos muchos errores en el proceso”.
La pareja tiene que comprar materiales de construcción cada cierto tiempo para avanzar con la reconstrucción. Foto/Jennifer Chien
Preparar documentos, dar seguimiento a la construcción, comprar materiales y contratar trabajadores: cada paso ha sido un proceso de prueba y error.
María comentó: “A veces cometemos errores. Cuando pasa eso, simplemente volvemos a empezar. Como queremos regresar a casa lo antes posible, hemos dejado temporalmente nuestro trabajo para enfocarnos por completo en la reconstrucción. Cada vez que surge un problema, tenemos que volver al ayuntamiento para hacer el trámite otra vez o comprar materiales de nuevo”.
Reconstruyendo la esperanza
Poco a poco, ladrillo a ladrillo, la esperanza de la familia va tomando forma nuevamente. El costo total de reconstruir la casa principal, la casa adicional y el patio se estima actualmente en alrededor de 1 millón de dólares.
María compartió con orgullo: “Al reconstruirla nosotros mismos, ahorramos más de un millón de dólares. En comparación con contratar a una empresa, gastamos más o menos lo que habría costado reconstruir solo la casa principal, pero logramos construir dos casas y el patio. Incluso pudimos restaurar la piscina que tanto les gusta a los niños”.
Ese día, frente a su casa aún en reconstrucción, los voluntarios entregaron personalmente a María y José una carta de bendición de la Maestra del Dharma Cheng Yen, junto con un apoyo de 30,000 dólares de Tzu Chi USA para la reconstrucción.
Este apoyo les ayudará a comprar pintura para las paredes y materiales para los pisos de madera, acercándolos un paso más a regresar a casa.
Aun así, la familia continúa pagando 3,600 dólares mensuales por la hipoteca de la vivienda que fue destruida. María agregó con optimismo: “Tenemos la fortuna de que el préstamo que recibimos de la Administración de Pequeños Negocios de Estados Unidos (SBA) nos permite comenzar a pagar dentro de un año. En este momento no podemos trabajar mucho, pero cuando regresemos a casa, trabajaremos duro y poco a poco pagaremos el préstamo”.
“Creo que encontraremos la manera”.
Maria Amezcua Sobreviviente de los incendios en Los Ángeles
El lugar que una vez quedó reducido a cenizas estuvo lleno de dolor. Pero cuando no se pierde la esperanza, incluso la tierra marcada por el fuego puede convertirse en el punto de partida para reconstruir un hogar y comenzar de nuevo.