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Tzu Chi continúa con su ayuda tras las inundaciones en Texas

Región Sur  |  1 Diciembre, 2025
La voluntaria de Tzu Chi Julia Peng abraza a una sobreviviente de las inundaciones de Texas. Foto/Fangwen Huang

Escrito por: Fangwen Huang
Traducido por: Esperanza Balaguer
Editado por: Juan M Bonilla

El pasado 4 de julio, unas devastadoras inundaciones azotaron la región de Hill Country, en Texas. En tan solo unas horas, cayeron meses de lluvia, provocando la peor catástrofe fluvial que se recuerda en Estados Unidos desde 1976. Aunque la cobertura mediática del desastre disminuyó con el tiempo, los voluntarios de Tzu Chi continuaron ofreciendo su apoyo y solidaridad a los afectados.

Tras las distribuciones de ayuda del 25 de julio y el 2 de agosto, los voluntarios de Tzu Chi se trasladaron a otra zona afectada de gravedad en el estado. Concretamente a la localidad de Kerrville, en el condado de Kerr, donde realizaron su tercera distribución de ayuda el 16 de agosto en el Happy State Bank Expo Hall. Treinta y seis voluntarios participaron en el evento, que atendió a 17 familias y benefició a 34 personas.

Una sobreviviente del desastre muestra fotos de su casa, arrasada por la inundación en menos de diez minutos. Foto/Fangwen Huang

Mensajes sinceros que perduran

El voluntario Tsang-Bin Wen (al centro) da una cálida bienvenida a los supervivientes. Foto/Tsungkun Chen

Para preparar la distribución, la oficina nacional de Tzu Chi USA en San Dimas, California, envió mensajes de texto a las familias damnificadas para que estuvieran al tanto de la celebración del evento. El  director del Centro de Servicio de Austin, Tsang-Bin Wen, se aseguró de que cada persona afectada recibiera un mensaje o una llamada telefónica la víspera de la distribución. 

“Esto puede parecer sencillo, pero fue un poco complicado, porque algunos afectados pensaban que la llamada era una estafa. Tuvimos que hacerles entender nuestras intenciones en tres segundos: ‘Mañana estaremos aquí para distribuir ayuda y llevarles bendiciones de personas de todo el mundo’. Se necesitan técnicas y sinceridad. A pesar de algunas dificultades, como las conexiones inestables o las barreras idiomáticas, los que están al otro lado de la línea suelen reconocer la preocupación genuina. Cuando los residentes me confirmaban su asistencia, me llenaba el corazón de gratitud”, compartió Tsang-Bin Wen con profunda emoción.

Una cadena de amor

Los momentos posteriores a un desastre son cuando los voluntarios de Tzu Chi se fortalecen y ofrecen su amor a los damnificados. Los voluntarios de las oficinas de Tzu Chi en Houston, Austin y San Antonio viajaron cuatro horas, dos horas y media, y una hora, respectivamente, hasta el lugar del reparto. A pesar de la fuerte lluvia y de las carreteras mojadas, todos continuaron con determinación para cumplir su objetivo de llevar ayuda a los afectados.

Daisy Pai, voluntaria del Centro de Servicio de Tzu Chi USA en San Antonio, fue la encargada de supervisar las medidas preventivas para garantizar el éxito de la distribución. Inspeccionó el lugar dos días antes y, al día siguiente, condujo noventa minutos con su esposo hasta el Centro de Servicio de Tzu Chi en Austin para recoger los suministros necesarios para la instalación del punto de distribución. Junto con otros nueve voluntarios, organizó y colocó todo el material en el lugar para permitir que todos los voluntarios comenzaran a trabajar de inmediato y garantizar un proceso de distribución sin contratiempos.

Jacob, trabajador de la División de Manejo de Emergencias de Texas (TDEM, por sus siglas en inglés), ofreció su asistencia y coordinación para completar todo el proceso. Desde las evaluaciones previas a la distribución hasta la instalación de todo lo necesario en el lugar del evento. Incluso desafió la fuerte lluvia que caía aquel día para colgar la pancarta de Tzu Chi en la entrada.

Jacob expresó su profunda gratitud a Tzu Chi y a los demás socios que se unieron para apoyar a las familias afectadas durante este momento tan difícil. En ese sentido, añadió que la compasión es especialmente valiosa después de un desastre porque lleva esperanza a los damnificados.

Un mensaje de amor

La anfitriona del evento fue Zoe Walker, presidenta de la Asociación Universitaria Tzu Chi de la Universidad de Texas. Walker se encargó de presentar a Tzu Chi y animó a los sobrevivientes del desastre a sembrar compasión en sus comunidades compartiendo su amor con los que tienen alrededor. Walker también invitó a los voluntarios y los afectados a unirse para interpretar en lenguaje de señas la canción “Una Familia” con el objetivo de transmitir un mensaje de amor y comunidad.

Los voluntarios animan a los sobrevivientes del desastre con la representación en lenguaje de signos de “Una Familia”. Foto/Fangwen Huang
Los voluntarios y los sobrevivientes interpretan una canción en lenguaje de señas para transmitir el mensaje de amor y el poder comunitario. Foto/Luca Yeh

Sean Lo, director ejecutivo de la región sur de Tzu Chi USA, expresó su gratitud a los sobrevivientes del desastre por su asistencia y manifestó su deseo de que esta compasión continúe para que más personas puedan ayudar a quienes lo necesitan.

Una experiencia peligrosa para los sobrevivientes

Los sobrevivientes muestran las imágenes del desastre a los voluntarios. Foto/Luca Yeh

La pareja de afectados formada por James Trolinger y Brenda Espinoza relataron a los voluntarios de Tzu Chi la angustiosa historia de cómo sobrevivieron a la inundación. Cuando abrieron la puerta de su casa alrededor de las 4 de la madrugada, el agua les llegaba hasta la cintura y en un instante entró a raudales dentro de la vivienda. Solo pudieron vadear el torrente con cuidado, temerosos de pisar algo que no podían ver bajo el agua turbia. La pareja se tomó de las manos y a tientas remontaron el río en la oscuridad. Tras recorrer unos treinta metros, subieron una colina y consiguieron llegar a la casa del padre de Trolinger. Más tarde, supieron que dos coches que flotaban chocaron contra su casa provocando numerosos daños. La inundación arrasó la vivienda por completo en tan solo entre cinco o diez minutos.

El voluntario Fangwen Huang consuela a un sobreviviente del desastre mientras este recuerda la escena. Foto/Luca Yeh

Cuando Espinoza recordó el momento de la catástrofe, no pudo contener las lágrimas. La afectada explicó que en esos momentos se hospedaban con unos amigos, pero que no les quedaba nada más que la ropa que llevaban puesta. A pesar de la difícil situación en la que se encuentra, mostró su agradecimiento por estar viva y por recibir ayuda de Tzu Chi.

Cada día somos más fuertes. Estamos acostumbrados a ayudar a los demás. No a recibir ayuda. Así que estamos listos para estar del otro lado, queremos aportar.

Mientras los voluntarios abrazaban y consolaban a Espinosa, le explicaron que la tarjeta de efectivo que le habían entregado no era solo ayuda económica, sino un símbolo del gran amor de personas bondadosas de todo el mundo que deseaban ayudar.

Rescate y lamento

María Grieser se despertó con el destello de un intenso relámpago sobre las 3 de la madrugada del 4 de julio. Su sobrino y su novia, que vivían en una caravana estacionada en el jardín delantero, se habían quedado atrapados en un árbol con el agua hasta el cuello. Ella y su esposo se adentraron rápidamente en el agua para llegar hasta ellos, pero tropezaron en una zona fangosa y se hundieron hasta 15 centímetros. Por suerte, lograron rescatarlos con tan solo una linterna y la luz de los relámpagos. El rescate les llevó entre treinta y cuarenta minutos y tuvieron que avanzar con mucho cuidado para evitar pisar cristales y clavos.

La fuerza de la inundación fue tan inmensa que la casa de Grieser fue alcanzada por una pared de agua de más de dos metros de altura. La inundación desplazó la vivienda unos cinco centímetros, arrancó el techo y dañó el terreno bajo los cimientos.

Grieser explicó que no tenía seguro contra inundaciones, así que incluso una donación de un dólar iba a ser de gran ayuda. Comenzó a describir el desastre con optimismo. Sin embargo, al acercarse al momento más difícil, su voz se quebró por la emoción. Mientras intentaban rescatar a su sobrino y a su novia, pudo oír con claridad los gritos de auxilio de una niña, pero no pudo ayudarla. Esto le dejó con el corazón destrozado.

Conectando con el espíritu de Tzu Chi

Steve Ellington explicó que, al recibir la llamada de un desconocido, su intuición le dijo que se trataba de una causa noble, así que aceptó ir. Nunca había oído hablar de Tzu Chi, así que, mientras esperaba, consultó su página web para informarse.

Investigué sobre su labor y leí sobre su fundadora. Lo que realmente me gusta son las creencias espirituales en las que intento creer. No se me da muy bien, pero intento hacer algo bueno por alguien cada día sin que nadie se entere. Intento ser compasivo y ayudar.

“Me gustó la parte en la que leía sobre la Maestra Cheng Yen donde les decía a sus nuevos seguidores que aportaran 50 centavos al día, y ellos preguntaban: ‘¿Por qué no puedo aportar esa cantidad cada mes?’. Necesito que me lo recuerden a diario. Así que, además de ayudarme económicamente, lo que hicieron hoy fue recordarme que debo ayudar todos los días. Solo puedo darles las gracias por eso”.

Reflexionando sobre un estilo de vida sencillo

Los Bailey viven en Hunt, un pueblo gravemente afectado por las inundaciones. Rena Bailey valoró como muy positiva su experiencia con todo el proceso de distribución. Sintió la sinceridad de todos y su comprensión sobre la gravedad de lo que les había sucedido. El evento fue más solidario que otros que habían experimentado en el pasado.

Sin embargo, a Marshall le costaba ocultar su tristeza. “El cincuenta por ciento de los árboles desapareció. La mitad de la gente desapareció. No sabemos dónde están”, señaló. “Mucha gente tuvo que marcharse porque ya no tiene donde vivir”. Lo más desgarrador para él fue que uno de sus amigos más cercanos y el hijo de otro perdieron la vida trágicamente.

Según el relato de Marshall de aquel día, la pared de agua se elevó casi quince metros de altura, en lugar de los nueve que se reportaron. La oficina de correos quedó destruida por completo cuando un objeto enorme impactó en el edificio y varios tanques de combustible de 19.000 litros flotaban a su lado como corchos.

La casa de Marshall se inundó con casi un metro de agua. Los electrodomésticos como el refrigerador, la secadora y la lavadora quedaron inservibles, al igual que la máquina de soldar y el compresor del cobertizo. Tuvo que tirar a la basura todos los muebles. El sofá y las camas se hincharon y deformaron. Todo quedó amontonado en el patio delantero.

“Nos avergonzamos de todas nuestras pertenencias. Uno piensa: ‘¿Por qué tengo tantas cosas?’”, dijo Marshall, abrumado. “Una o dos semanas después, ya había excavadoras, ruido, gente, camiones… Y luego, sonó la alarma cuando encontraron un cuerpo. Todas esas alarmas…”. Se cubrió el rostro, conmovido.

Un momento de silencio se apoderó del lugar. El voluntario Fangwen Huang le apretó la mano con fuerza y lo abrazó, ofreciéndole consuelo gracias a su propia experiencia de haber perdido a un ser querido. Esta empatía compartida le brindó algo de alivio en su dolor.

La resiliencia fortalece la esperanza

Sophia Lin, voluntaria de la Asociación Universitaria Tzu Chi de la Universidad de Texas en Austin, participó por primera vez en una distribución de ayuda humanitaria. Esperaba ver una destrucción generalizada y rostros abatidos en el lugar, pero lo que presenció fue algo distinto. Un ambiente repleto de resiliencia y valentía. La determinación y la tenacidad de los damnificados por el desastre para reconstruir sus hogares la conmovieron profundamente. No solo las historias de los residentes eran emocionantes, sino que la dedicación y las acciones de los voluntarios también le granjearon un profundo respeto.

“El mostrador de registro se convirtió en mi ventana para interactuar con las familias”, explicó Lin. “Algunas me hablaron con sincera gratitud, mientras que otras me entregaron en silencio sus documentos de identidad, actas de nacimiento y comprobantes de domicilio. Cada persona tiene su propia manera de expresar su dolor”, añadió.

Sophia Lin (segunda por la izquierda) es testigo de la resiliencia y el coraje de los supervivientes del desastre. Foto/Tsungkun Chen

Lin aseguró que las sonrisas le llenaron el corazón de calidez para hacerle comprender lo valioso que es contribuir, aunque sea un poco, a la recuperación de los afectados.

La distribución acabó, pero el poder de la compasión sigue expandiéndose. Que el ciclo perdure y crezca para que pueda beneficiar tanto a las vidas de los que tenemos más cerca como de los que están más lejos. 

Los voluntarios se toman una foto de grupo. Primera fila, de izquierda a derecha: Bernardo Reyes, Sophia Lin, Angelica Chu, Vincent Wen, Brandon Wen, Wesley Liu, Jocelyn Lee, Zoe Walker, William Peng. Segunda fila, de izquierda a derecha: Ling Wang, Yijing Tsai, Daisy Pai, Tsangbin Wen, Sean Lo, Julienne Chi, Fangwen Huang, Phanny Yang, Yuming Chen, Luca Yeh. Tercera fila, de izquierda a derecha: Tsungkun Chen, Cheepay Liu, Octa Lim, Eric Chen, Karina Cervantes, Erna Ersan, Angel Chen, Hetty Wang, Jack Fan, Jane Liu, Trisha Han, Julia Peng, Joel Peng, Maggie Hwang, Kevin Dai, Tim Zhang, Nih Trinh. Foto: Tzu Chi USA Región Sur. Foto/Tzu Chi USA Southern Region

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