Escrito por Vivian Chang
Traducido por Esperanza Balaguer
Editado por Juan M Bonilla
La mañana del pasado 27 de septiembre soplaba una suave brisa cuando los voluntarios de la Región Noroeste de Tzu Chi USA llegaron a la Escuela de Artes Costaño en East Palo Alto, California, para desplegar una acción de ayuda a los estudiantes . El grupo iba organizado en equipos de dos o tres personas para transportar las bolsas con la ropa y los zapatos clasificados para ser repartidos entre los alumnos. Unos colocaban los suministros sobre las mesas, mientras otros revisaban las etiquetas de las tallas para asegurarse de que todo estuviera organizado para facilitar la recogida de los materiales por parte de las familias. Las bolsas de regalo alineadas para la entrega brillaban con el reflejo de la luz de la mañana.
Para muchas familias, el inicio del curso escolar representa un esperado comienzo, pero también conlleva presiones sobre la economía doméstica. Los niños crecen rápido y necesitan ropa y zapatos nuevos con frecuencia. Esto, unido al aumento de los precios, incrementa el coste de vida, lo que convierte la preparación para el nuevo curso escolar en una carga para muchos padres. Conscientes de estas necesidades, los voluntarios de Tzu Chi comenzaron a prepararse con más de un mes de antelación para garantizar que cada niño pudiera empezar el curso con vestuario y calzado nuevos, limpios y de su talla. Radiantes de ilusión y alegría, los voluntarios esperaron en silencio la llegada de los niños para la entrega con el objetivo de darles la energía necesaria para comenzar el nuevo año escolar con entusiasmo y confianza.
En esta ocasión, los beneficiarios no solo incluyeron a las familias que ya reciben el apoyo de Tzu Chi en el área de East Palo Alto, sino también a otras familias con dificultades económicas recomendadas por los maestros. “Este tipo de iniciativa amplía nuestro alcance para ayudar a más niños necesitados”, comentó Michelle Wong, voluntaria de Tzu Chi. “Gracias a estos materiales preparados con mimo aliviamos la carga de las familias y permitimos que los niños lleguen al colegio con confianza, vistiendo ropa y zapatos nuevos, cómodos y de la talla correcta”.
El voluntario de Tzu Chi Evan Yeh participó por primera vez en una actividad de este tipo y fue el responsable de comprar diez pares de zapatos. “Fuimos a tres lugares: Costco, Target y Walmart”, recordó. “Tras una cuidadosa selección, al final encontramos tallas adecuadas, colores y estilos al gusto de los niños”. Yeh explicó que la experiencia fue novedosa, significativa y muy gratificante para él, ya que sabía que el calzado acompañaría a los pequeños durante el nuevo año escolar. “Sin duda, volveré a ayudar a comprar algunos la próxima vez”, concluyó.
La compasión echa raíces
Como cada año, en el evento se instaló un puesto para entregar y recoger las alcancías de bambú, pero en esta ocasión se añadió un nuevo elemento simbólico al proceso de devolución. Las familias suelen retornar las alcancías llenas de monedas a Tzu Chi para recibir una nueva y continuar con el proceso de recolecta. La novedad fue que Austin Tsao, voluntario de Tzu Chi, llevó 50 monedas de cinco centavos a la distribución de regreso a clases y cuando los estudiantes fueron a recibir la nueva alcancía de bambú, les dio una moneda a cada uno para que la depositaran. Este acto simbólico ayudó a fomentar el hábito de dar con regularidad y sembró una semilla de compasión en sus corazones.
Dejar que los niños depositen personalmente sus monedas de cinco centavos en las alcancías de bambú les ayuda a experimentar la profunda empatía que hay detrás de cada acto de compasión.
Austin Tsao
Voluntario de Tzu Chi
Los voluntarios de Tzu Chi animaron a padres e hijos a adoptar el espíritu de la alcancía de bambú recordándoles que incluso los gestos de bondad más pequeños pueden tener un impacto positivo en la vida diaria de la gente y llevar esperanza al mundo. Treinta familias recibieron alcancías de bambú durante el evento y se las llevaron a casa para comenzar la cadena de solidaridad.
En algunas de ellas, el espíritu de la alcancía de bambú está ya arraigado. Una de ellas es la familia de Ana Bel Huerta, que recibió ayuda de Tzu Chi. En cada distribución realizada en los últimos años, ha donado 100 dólares como muestra de su agradecimiento. Huerta explicó que es ella misma la que elige ayudar a quienes más lo necesitan sin sentir ninguna presión para hacerlo. “Me alegra mucho poder contribuir en esto”, reconoció.
Unos zapatos nuevos pueden marcar la diferencia
Los voluntarios recibieron con afecto a padres e hijos, les entregaron ropa nueva y ayudaron a los niños a probarse el calzado para asegurarse de que les quedara bien. Si algunos zapatos resultaban ser demasiado grandes o pequeños, los voluntarios los guardaban para cambiarlos por la talla correcta para que cada niño tuviera calzado cómodo y de su talla antes de comenzar el nuevo año escolar.
Al recibir sus zapatos, Yuliana Bac Huerta, alumna de quinto grado de la Academia Los Robles-Ronald McNair, dijo: “Me encantan. Los colores son preciosos, son cómodos y me quedan perfectos. Les agradezco mucho su apoyo”.
Los voluntarios ayudan a los niños a probarse zapatos para asegurarse de que les queden bien. Fotos/Steven Chiu
Los juguetes hechos a mano alegran a los estudiantes
Los voluntarios organizaron otras sorpresas para los niños durante el evento. Querían algo más que vestir bien a los estudiantes; esperaban llegar a sus corazones y hacerlos sentir queridos de verdad.
Sharon Li es una de las voluntarias que más se dedicaron a este objetivo al que se ha entregado durante tres años consecutivos. Para hacer brillar los ojos e iluminar las sonrisas de los niños, Li pasa meses tejiendo con meticulosidad cientos de juguetes de ganchillo en forma de animalitos para entregarlos durante el evento. Estos juguetes hechos a mano no solo son adorables, sino que también están llenos de deseos sinceros y bendiciones. Li se esfuerza por alcanzar la perfección poniendo su cariño por los niños en cada puntada.
Para este año, la voluntaria creó un diseño nuevo de una tortuga grande con otra más pequeña escondida dentro para simbolizar el poder de la protección y el compañerismo. Li espera que cuando los niños sostengan los juguetes hechos a mano experimenten la alegría de la infancia y sientan el consuelo de ser queridos y protegidos.
El Rincón de los Cuentos enseña la sabiduría budista
Uno de los momentos más destacados de la distribución de este año fue el Rincón de los Cuentos, ideado por la voluntaria de Tzu Chi, Minette Chan. “Añadimos un espacio para cuentos porque, además de los materiales, también queremos compartir algunas de las enseñanzas de la Maestra Cheng Yen. Hay muchas historias únicas de Tzu Chi que podemos compartir con ellos para que aprendan sobre la compasión y la bondad”, explicó Chan.
La voluntaria preparó varios libros ilustrados con historias de la Maestra Cheng Yen que introducen los principios budistas más fundamentales. Apoyada en un gran árbol, les leyó los cuentos a los niños que ya habían recibido sus regalos. Los pequeños escucharon con atención, sus expresiones cambiaban al ritmo de la historia, a veces pensativos, a veces sonrientes. Chan también hizo preguntas a lo largo del relato para ayudar a los pequeños a reflexionar sobre la bondad y sus efectos, así como sobre la importancia de la compasión.
“Creo que un rincón de cuentos es un lugar donde pueden descansar y, a la vez, aprender más sobre Tzu Chi en un ambiente relajado”, señaló Chan. “Para los niños, las historias son muy poderosas. Ahí es donde pueden aprender las enseñanzas sin ser dogmáticos al respecto. Hay muchos relatos sobre el cuidado de los animales, el cuidado de los demás, sobre el respeto y el amor con los que pueden aprender”, añadió.
Minette Chan, voluntaria de Tzu Chi, leyó cuentos a los niños con las enseñanzas de la Maestra Cheng Yen. Fotos/Steven Chiu
Antonio Fidueria, alumno de quinto grado de la Academia Los Robles-Ronald McNair, escuchó tres relatos. Según su madre, Heidi Martínez, a Antonio le encantan los cuentos desde pequeño. “Pero se duerme cuando los lee él mismo, así que disfrutó mucho escuchándolos aquí”, dijo.
Cuando se le pidió que resumiera una de las historias leídas por Chan, Iván Hernández, alumno de sexto grado de la escuela secundaria Cesar Chavez Ravenswood, explicó el relato: “El cuento trataba de tres niños que jugaban con un pájaro al que le ataban una piedra con una cuerda. Entonces, llegó un hombre y les dijo que no era divertido jugar así con el ave. Liberó al pájaro y les enseñó a los niños una lección sobre el respeto y la importancia de no acosar a otras personas ni a los pájaros”.
Aprendí que hay que ser amable y respetuoso con las personas, y también con los animales.
Iván Hernández
Estudiante
Escuela secundaria
Cesar Chavez Ravenswood
Ayuda material y apoyo incondicional
La distribución de materiales escolares del 27 de septiembre simbolizó el compromiso de larga duración de los voluntarios de Tzu Chi con la comunidad californiana de East Palo Alto. Los voluntarios ofrecieron su ayuda cuando más se necesitaba para aliviar la carga financiera de los padres en el comienzo del año escolar para dar a los niños tranquilidad y confianza. Al mismo tiempo, los voluntarios difundieron la compasión por toda la comunidad, fomentando la confianza y el cuidado mutuo mediante la colaboración, la generosidad y el compañerismo. La distribución llevó esperanza a las familias que recibieron la ayuda e inundó todo el vecindario de afecto y vitalidad.