Escrito por Hsiulien Chu
Traducido y adaptado al español por Gabriela Barzallo
Editado por Esperanza Balaguer
“Hoy ven que la Fundación Tzu Chi ha ayudado a personas recién llegadas. Son refugiados afganos”, comentó Rabia Mudassir, originaria de Afganistán y beneficiaria de una Visa Especial de Inmigrante (SIV) otorgada en septiembre de 2022. Rabia recibió ayuda de Tzu Chi cuando su familia se convirtió en la primera familia refugiada afgana atendida por los voluntarios de la Región Sur de Tzu Chi USA en Houston (Texas).
En la actualidad, Rabia trabaja como asistente social en Ministerios Interreligiosos para el Gran Houston. Gracias a su recomendación, en julio de 2025, los voluntarios de Tzu Chi ayudaron a dos nuevas familias inmigrantes afganas. “Como trabajadores sociales, siempre que vemos una organización que ayuda a la gente, especialmente a refugiados y recién llegados, los referimos allí. Por eso envío a mis clientes a la Fundación Tzu Chi”, explicó. Al ver que los voluntarios continúan ayudando a otras familias afganas, Rabia sintió una profunda gratitud: “Como pueden ver, esta fundación les ha brindado mucha ayuda”, dijo, al reflexionar sobre la asistencia brindada el 3 de julio.
Agradezco mucho a los voluntarios de la Fundación Tzu Chi. Están sirviendo a la humanidad. Ayudan a personas necesitadas, y eso lo valoro profundamente. Espero que puedan continuar con esta labor por mucho tiempo y les deseo lo mejor.
Rabia Mudassir
Trabajadora Social
Interfaith Ministries for Greater Houston
Ayuda de emergencia para aliviar dificultades
Amer, un inmigrante afgano recién llegado, necesitaba con urgencia ropa y artículos para bebé tras el nacimiento de su hijo más pequeño. Rabia conoció su caso y refirió a su familia a Tzu Chi, algo por lo que Amer está profundamente agradecido. “Rabia me dijo: ‘Voy a encontrar a alguien que te ayude’”, recuerda. “Y encontró a Tzu Chi. Gracias. Les agradezco a ustedes y a Rabia. Ella nos ayudó.”
Amer, de 40 años, y su esposa Nazifa, de 33, tienen ocho hijos. Aunque Amer gana entre 1.600$ y 1.800$ al mes, mantener una familia tan numerosa se ha vuelto muy difícil, sobre todo por el aumento en el coste de vida.
Con dificultad para expresarse en inglés, explicó: “Solo pago la renta, la gasolina para el carro, el seguro, el teléfono, internet… No me alcanza para comprar zapatos…” La tarjeta con dinero en efectivo y los suministros que recibió de Tzu Chi aliviaron parte de la carga y le permitieron comprar ropa y artículos necesarios para el hogar. Amer espera que sus hijos puedan estudiar, completar su educación y así construir un futuro mejor para toda la familia.
Un esfuerzo conjunto para devolver la esperanza
Otra familia afgana también recibió ayuda de Tzu Chi: Ahmad, su esposa Storai y sus seis hijos, de entre dos años y medio y trece años. Llegaron a EEUU hace apenas tres meses. Sabiendo que muchas familias inmigrantes llegan sin nada, los voluntarios se esforzaron en reunir recursos para brindarles apoyo.
Jennifer An, voluntaria de Tzu Chi, miraba a los hijos de la pareja con el mismo cariño que a sus propios nietos. “Recién llegaron y no tienen nada. Sin asistencia del gobierno, se sienten perdidos y no saben qué hacer”, comentó. “Estamos haciendo todo lo posible por ayudarlos y darles un poco de tranquilidad.”
Shioubih Yang, responsable de las visitas domiciliarias de Tzu Chi en Houston, agradeció el esfuerzo colectivo para ayudar a inmigrantes recién llegados. “Cuando alguien iba a reemplazar muebles o artículos del hogar, los recolectamos para la familia de Ahmad. Todavía estaban en buen estado; no era necesario desecharlos.”
Cuando los voluntarios entregaron una computadora a la familia de Ahmad, pensaron que tanto el ordenador como el televisor estaban dañados. El voluntario comunitario Jatin Tekchandani Ruchel los conectó y pidió a Yang un cable USB para HDMI. Después de conectarlo, los dos aparatos funcionaron perfectamente. El televisor se convirtió en la pantalla de la computadora. “Ahora pueden ver contenido desde el ordenador en la televisión y disfrutarlo juntos como familia. Incluso pueden ver programas de su país”, comentó Ruchel, feliz de haber ayudado como parte del equipo.
Resolver el problema en grupo es más gratificante, porque no lo hice solo. Alguien compró la computadora, otro el sistema operativo, otro el cable… y yo simplemente los conecté.
Jatin Tekchandani Ruchel
Voluntario Comunitario
Allanar el camino hacia un nuevo comienzo
La voluntaria Chuping Huang se enfocó en ayudar a Ahmad, que todavía no había encontrado trabajo. Debería haber sido beneficiario del programa de asistencia en efectivo para refugiados (RCA), a través de Interfaith Ministries for Greater Houston, pero el gobierno federal canceló ese subsidio, dejándolo en una situación muy difícil. Tzu Chi intervino para ayudarle con el pago de servicios básicos y necesidades del día a día.
Esperamos ayudarlo, no necesariamente con el alquiler, pero al menos con algo de apoyo económico para que pueda pagar los servicios y tenga una preocupación menos. Confiamos en que pronto encontrará empleo y podrá estabilizarse.
Chuping Huang
Voluntaria de Tzu Chi
Liju Hwang, voluntaria sino-vietnamita, comprende bien las dificultades que enfrentan los refugiados porque su propia familia también recibió ayuda en el pasado. Por eso, siempre está dispuesta a contribuir con su ayuda a los demás. Ella y su familia reunieron ropa, bicicletas y otros artículos útiles, aunque no fueran nuevos. “Al menos no tienen que gastar en estas cosas y cuando ya no las necesiten, pueden pasárselas a otros niños”, dijo. “Ojalá todos podamos ayudarnos unos a otros”.
Las familias inmigrantes afganas se enfrentan a barreras lingüísticas, dificultades económicas y al reto de reconstruir sus vidas. Por suerte, cuentan con los voluntarios de Tzu Chi que trabajan de forma silenciosa pero constante para ofrecer el cuidado y el apoyo necesario para construir puentes de esperanza. Cada entrega de suministros no es solo ayuda material, sino también un recordatorio de que “alguien se preocupa por ti”. Que cada nuevo inmigrante pueda florecer en este nuevo hogar y, algún día, devuelva esa bondad.
Usted también puede ser parte de este círculo de compasión y amor. Únase a nosotros para ayudar a estas familias a reconstruir su vida con dignidad y esperanza.