Escrito por Dennis Lee
Traducido por Maria Pacheco
Editado por Esperanza Balaguer
El 16 de mayo de 2025, una cadena de poderosos tornados arrasó varios estados del medio oeste y el sur de Estados Unidos. El distrito norte de St. Louis, en Missouri, se llevó una de las peores partes con cientos de hogares destruidos, calles cubiertas de escombros y familias obligadas a abandonar lo poco que les quedaba.
Frente a esta emergencia, Tzu Chi USA activó de inmediato su mecanismo de ayuda ante las catástrofes. Los voluntarios acudieron con rapidez a evaluar los daños, organizar colectas, elaborar las listas de beneficiarios y preparar la distribución de la asistencia. Ente el 19 y el 20 de julio, cuando muchos sobrevivientes todavía intentaban reconstruir sus vidas, un equipo de 40 voluntarios —35 locales y 5 que viajaron más de 480 kilómetros desde Chicago— se reunió en el Centro de Servicio de Tzu Chi en St. Louis para desplegar la ayuda. En total, se distribuyeron 156.200 dólares en fondos de emergencia a 214 familias formadas por un total de 624 personas.
Respuesta inmediata y solidaridad interestatal


La subdirectora del Centro de Servicio de St. Louis, Linda Lui, confirmó que el tornado había dejado a muchas familias sin hogar y expuestas al riesgo de robos. La mayoría seguía viviendo en las casas arrasadas, a pesar de las malas condiciones y del peligro para la salud por la contaminación del moho que dejaron las lluvias que acompañaron al tornado. “Viven una situación muy difícil”, señaló emocionada.
Lui dio las gracias en especial a los voluntarios de Chicago, que llevaron mantas y alimentos, y se quedaron en Missouri dos días para colaborar en la distribución. La ayuda incluyó tarjetas de asistencia, mantas y bufandas con el propósito de brindar consuelo y esperanza a los más necesitados.
Nada más producirse la catástrofe, Linda y su equipo recorrieron el área afectada en apenas 20 minutos. Se encontraron una escena devastadora. “Iniciamos colectas en la calle y nos coordinamos con los grupos comunitarios para registrar a más de 300 familias”, relató.
Comunidades vulnerables en el epicentro
El director ejecutivo de la Región del Medio Oeste, Chong Hsieh, recordó que esta era la segunda operación de ayuda lanzada en St. Louis en 2025 debido al frecuente impacto de los tornados en la región. “Es desgarrador que las áreas más afectadas siempre sean las más pobres”, destacó.
La Cruz Roja contabilizó más de 5.000 hogares destruidos o dañados. Muchas familias todavía viven en hoteles, mientras que otras duermen en campamentos improvisados. Las tormentas también alcanzaron al estado de Kentucky, donde Tzu Chi realizó otra distribución la semana anterior. “El alcance fue enorme y verdaderamente aterrador”, concluyó Chong.
Antes de terminar, Chong pidió a todos mantener la oración, practicar el vegetarianismo, y llevar amor y cuidado a los rincones donde exista sufrimiento para construir un mundo más compasivo.
Los relatos de los supervivientes revelaron la magnitud del desastre y, al mismo tiempo, la fuerza que emerge de las personas en los momentos más oscuros. Sus testimonios no solo describen el miedo que vivieron bajo el rugido del tornado, sino también la gratitud que sintieron por la ayuda recibida y la determinación que les dio para reconstruir todo lo arrasado. Cada historia refleja el dolor de la pérdida, pero también la resiliencia de las comunidades que, pese a la adversidad, encuentran motivos para mantener la esperanza.
Tonya Davis, abuela de una niña autista, agradeció profundamente la ayuda. Su nieta se quedó sin la computadora y la tecnología esencial para su educación. “Este dinero nos permitirá dar un depósito para una casa y recuperar lo perdido. Lo más valioso es que ayudan a todos, sin importar raza o religión”, expresó conmovida.
Mientras, el superviviente John Pitts relató su experiencia al borde de la muerte. “Vi escombros enormes girando en el aire, la casa temblaba y pensé que era mi final. Una voz me dijo: ‘No te muevas’. Me quedé quieto y la casa se derrumbó a mi alrededor. Salí ileso. Es un milagro estar vivo”, afirmó incrédulo y agradecido por el apoyo recibido.
Por su parte, el sobreviviente Randy Fields comparó la tormenta con una guerra. Al reconocer el peligro, llamó a su madre para que se refugiara, pero ella se quedó en la bañera. “En un minuto, el viento llegó como si fuera King Kong. Volaban árboles y ladrillos, mientras las casas se sacudían. Cuando salimos, todos teníamos la misma sensación de haber sobrevivido a la muerte”, relató.
La afectada Wyvon Boykin se salvó por segundos de quedar atrapada bajo los escombros. “No había conocido personas tan amables desde que era niña. Esto no es solo ayuda material, es ayuda para el alma. Me han tocado el corazón”, confesó.
Tammy Lynn Price vive sola y decidió quedarse en su casa, a pesar de que un árbol destrozó el techo y las ventanas. Tras el paso del tornado, colocó unas lonas para protegerse de la lluvia y ahora se enfrenta día a día al desafío de la reconstrucción. “Todo lo que recibo me ayuda, incluso lo más pequeño. Vivo cada día con fe y agradecimiento”, aseguró.
Más allá de la asistencia material
La subdirectora del Centro de Servicio de St. Louis, Linda Lui, destacó que cada historia refleja la verdadera misión de Tzu Chi. “Queremos que sientan que no están solos. Agradezco a la Maestra Cheng Yen por guiarnos y a cada voluntario por su entrega”, afirmó.
El operativo reunió entre 20 y 30 voluntarios locales y cinco procedentes de Chicago, a quienes Chong Hsieh describió como “impresionantes y llenos de amor”. La solidaridad se extendió más allá de las fronteras estatales y demostró que, frente a la tragedia, la compasión puede unir comunidades enteras.
Los sobrevivientes expresaron su gratitud a la Maestra Cheng Yen y, algunos, tras leer su carta, lloraron conmovidos. En medio de la devastación, las acciones de Tzu Chi no solo ofrecieron ayuda inmediata, sino también un mensaje de humanidad y esperanza. Para quienes lo perdieron todo, cada gesto de apoyo refuerza su fortaleza interior y es un paso hacia la reconstrucción de sus hogares.
La misión en St. Louis confirmó una vez más que el trabajo de Tzu Chi va más allá de la entrega de suministros. Cada tarjeta de ayuda, cada manta y cada palabra de aliento se transformaron en símbolos de acompañamiento y esperanza. En un escenario marcado por la pérdida y la incertidumbre, los voluntarios ofrecieron tanto asistencia material como la certeza de que nadie se debe enfrentar a la tragedia en soledad.
El esfuerzo conjunto de voluntarios locales y de otras ciudades demostró la fuerza de la solidaridad. Desde Chicago llegaron refuerzos que aportaron suministros, experiencia y apoyo moral, que unieron corazones a pesar de la distancia. La compasión se convirtió en el verdadero motor de la misión para recordar que en las catástrofes las fronteras se desvanecen y la humanidad se fortalece.
Al despedirse, los voluntarios de Tzu Chi dejaron sembrado algo más que ayuda inmediata. La convicción de que la bondad puede reconstruir comunidades desde dentro. El llamado de la Maestra Cheng Yen a orar, vivir con conciencia y compartir amor resonó entre los supervivientes y los voluntarios por igual. En St. Louis, la devastación del tornado dio paso a un testimonio de resiliencia colectiva, en el que cada gesto solidario se convirtió en un paso hacia la sanación y la reconstrucción.