Escrito por Luca Yeh and Fuchi Prucha
Traducido por Maria Pacheco
Editado por Gabriela Guandique
Según el Informe Mundial 2025 de Human Rights Watch, la situación en Afganistán sigue deteriorándose, especialmente en lo que respecta al trato hacia mujeres y niñas, quienes enfrentan severas restricciones en su derecho a la educación, el trabajo y la libertad de movimiento.
En 2024, más de la mitad de la población afgana necesitaba ayuda humanitaria urgente.12.4 millones enfrentaban inseguridad alimentaria y 2.9 millones se encontraban en niveles de hambre extrema.
Un camino de coraje y esperanza
Con determinación, voluntarios de Tzu Chi en Texas ofrecieron apoyo a familias refugiadas de Afganistán. Entre ellas, la familia de Heideri, su esposa Hossirni y su hija Oumlbanin, quienes emigraron a EE.UU. tras perder la estabilidad laboral que antes había tenido en Afganistán y Tailandia. Ya en Estados Unidos, enfrentaron varios retos: altos costos de vida, dificultades con el idioma, limitaciones religiosas y obstáculos para el trabajo formal.
Aunque Hossirni era experta en belleza y peluquería, no podía trabajar sin licencia y obtenerla costaba $5,000 más 1,000 horas de formación valoradas en otros $5,000— una suma inalcanzable para ellos. Gracias al apoyo coordinado de Tzu Chi, otras organizaciones benéficas y vecinos solidarios, la familia pudo mejorar su calidad de vida y planificar un nuevo comienzo.



Voluntarios ayudan a cumplir un sueño
Hossirni compartió su idea de abrir un salón de belleza en casa con la voluntaria Jennifer An. Jennifer reunió apoyo entre voluntarios y miembros de Tzu Chi para hacer ese sueño una realidad. Con su creatividad y redes, obtuvo cosméticos y tijeras profesionales para cortar cabello, gracias a la generosidad de Laura Lee, estilista orgullosa voluntaria de Tzu Chi, quien donó herramientas de alta calidad (valoradas en más de $300 cada una) a precio simbólico.
Laura explica, “cuando tienes muchas cosas y las puedes compartir, lo más valioso no es el dinero, sino ver el bien que generan en otros”.
Donación de ropa y muebles a la familia
“Tengo diez pares de tijeras de peluquería, todas cuidadosamente seleccionadas y de primera calidad. No se consiguen en el mercado”, dijo Laura Lee. “Las tijeras que se encuentran en las tiendas simplemente no son lo suficientemente buenas para uso profesional. Como tengo tantas, decidí donar algunas a quienes las necesitan”.
Para Lee, darles un nuevo uso a las tijeras fue mucho más significativo que guardarlas para ella. “Ahora puede usarlas para trabajar mejor. Me alegra muchísimo. Puedo dormir tranquila sabiendo que lo hago. ¿En qué pienso todo el día? No en mí, sino en los demás”, dijo.
Cuando la familia Hasan llegó por primera vez a Estados Unidos, carecían de ropa básica y artículos de primera necesidad. Jennifer An convocó a la comunidad para mostrar su amor y apoyo. Siempre que la oficina de Texas distribuía frutas y verduras a los necesitados, Jennifer siempre traía algunas también para los Hasan.
“Acaban de llegar a Estados Unidos y no tienen nada. Realmente necesitan ayuda y apoyo”, dijo Jennifer. Realmente comprendemos sus dificultades. No tienen familiares ni amigos aquí, pero cómo Tzu Chi está conectado con ellos, haremos todo lo posible por ayudarlos.
Compartir libremente y ayudar
Alice Situ, voluntaria de Tzu Chi, se sumó con entusiasmo donando electrodomésticos y muebles de su casa que ya no usa. “La verdad es que solía ser muy apegada a mis cosas. Pensaba que podía venderlas o llevarlas a un mercado de segunda mano’. Pero entendí que no se trata del dinero, sino de ver a otros beneficiarse. Es como cuando estaba pasando por un momento difícil y alguien me apoyaba. ¿Conocen esa sensación? Por eso ahora lo entiendo de verdad”, expresó Situ.
Por su parte, Mary Tsao, voluntaria de Tzu Chi, lavó los edredones adicionales y condujo más de una hora para entregarlos porque sabía que les darían un buen uso: “Poder dar, ayudar a los demás, es lo más significativo. Cuando me uní a Tzu Chi, acompañé al equipo de visitas domiciliarias a visitar a refugiados. Después de verlos, supe que tenía que unirme a Tzu Chi, porque esta es una organización que realmente ayuda a la gente. Cuando uno da, a veces se siente incluso más feliz que aquellos a quienes ayuda. Es una sensación reconfortante”.
Una comunidad que trabaja unida
“Creo que cuando alguien está pasando por momentos difíciles tenemos que ayudar”, reflexionó Yah Lim, voluntaria comunitaria. Curiosa por el trabajo de Tzu Chi, Lim se unió a los voluntarios en las visitas domiciliarias para aprender más sobre el espíritu humanitario de Tzu Chi. Se sintió conmovida por lo que presenció. “Esta fue la primera vez que visité a esta familia. Vi que Hossirni mantenía su hogar impecablemente. Su esposo había encontrado trabajo, su hija estaba en la escuela y ella misma se esforzaba por ayudar a la familia a ser independiente. Pensé: ‘¡Guau! Tzu Chi es increíble por poder apoyar a personas así. Realmente valoran estas bendiciones y conexiones’, y me conmovió profundamente”, compartió Lim.
Hossirni también expresó su sincera gratitud hacia Jennifer An: «Es una buena mujer muy amable que nos ha ayudado desde el principio. No pude encontrar trabajo fuera, pero ahora puedo abrir un salón de belleza a domicilio y empezar a mejorar la situación de mi familia. Como mujer musulmana, no es fácil encontrar trabajo».
Brillando al apoyar a los necesitados
“Jennifer An es amable y siempre está dispuesta a ayudar a los demás. Si alguien se siente mal, ella le devuelve la sonrisa”,dijo Oumlbanin, hija de Hossirni , y compartió que Han inspiró su interés en ser voluntaria en la distribución de frutas y verduras. “Ayudar a los demás trae alegría. En la escuela, siempre nos enseñaron que las personas deben ayudarse entre sí, y la ayuda mutua es una buena acción.
En los últimos años, la creciente visibilidad del poder femenino —resistencia, perseverancia y capacidad— ha transformado la percepción sobre el rol de la mujer. Desde su fundación por una monja budista, Tzu Chi ha encarnado el espíritu del empoderamiento femenino y ha demostrado con acciones concretas un amor desinteresado y real.
Con calidez y sabiduría, voluntarias como Jennifer, Alice y Mary han colaborado con diversas comunidades para recibir y empoderar a familias recién llegadas, ayudándolas a establecerse y reencontrar su dignidad en un nuevo hogar.
Con tu apoyo, podemos seguir ofreciendo oportunidades de vida digna.