Escrito por Shu Li Lo
Adaptado al Español por JuanMa Bonilla
Editado por Maribel Suárez
A principios de julio, una violenta y repentina inundación arrasó en cuestión de minutos numerosas las casas en la región de Big County en el centro del estado de Texas. Aunque la mayoría de los inquilinos pudo salvar su vida, las pérdidas materiales fueron devastadoras y la huella emocional aún permanece. Después de la inundación, una treintena de voluntarios de Tzu Chi se movilizaron de inmediato para evaluar los daños y distribuir suministros de emergencia y tarjetas de ayuda económica en el Burnet Community Center. Muchos de los sobrevivientes compartieron sus experiencias sobre cómo lograron escapar del desastre, el dolor de perder sus hogares y, al mismo tiempo, expresaron su gratitud por el apoyo y el cuidado de Tzu Chi.
“Nunca nos habíamos enfrentado a una situación semejante durante la evaluación de un desastre. Tras una breve explicación, la funcionaria local Paige Saucer confió en nosotros y compartió la información necesaria. Ella es una verdadera bodhisattva. Sabía que la gente necesitaba ayuda. Fue un encuentro de karma maravilloso”, relató uno de los voluntarios sobre el inicio de la intervención.
La colaboración asegura el éxito de la distribución
Antes de las 5 de la madrugada, los voluntarios Roger Lin, Hsiupi Yang, Hsihan Huang, Harry Huang y Luca Yeh, junto con el director ejecutivo de la Región Sur, Sean Lo, viajaron casi tres horas hasta el Centro de Servicio de Austin, donde se unieron a 23 voluntarios locales, incluidos Tsang-Bin Wen, Yenping Liu, Ichun Chen, Yuming Chen, Weishun Wen, Meifeng Chang y Huiming Liu. Desde allí, condujeron 88 kilómetros hasta el Burnet Community Center para entregar suministros de emergencia y tarjetas de ayuda de Tzu Chi.
Gracias a la confianza mostrada por la funcionaria Paige Saucer, que proporcionó de inmediato la lista de afectados, y al apoyo de la organización benéfica Ark of Highland Lakes, que colaboró en el envío de las notificaciones, casi el 60% de los damnificados acudieron a recibir la ayuda. Sean Lo destacó: “Con la referencia de experiencias previas, la asistencia de una cuarta parte de ellos ya sería buena. Hoy, invitamos a más de 60 familias y asistieron 41. Ha sido un resultado excelente”.
La violenta y repentina inundación ocurrida a principios de julio entró en las casas en cuestión de minutos, dejando a los inquilinos sin tiempo para reaccionar. Aunque la mayoría pudo salvar su vida, las pérdidas materiales fueron devastadoras y la huella emocional aún permanece.
La inundación: una experiencia devastadora que lo arrasó todo en minutos
La pareja afectada formada por Ronnie Williamson y Jennifer Nicholson describió así el momento del desastre: “Tenemos una cámara de vigilancia y grabó cuando el agua empezó a entrar y cómo subió poco a poco dentro de la casa. En unos tres minutos, pasó de nada a casi 1,20 metros de altura. Fue tan rápido que apenas tuvimos tiempo. Todos los muebles, todas nuestras pertenencias, la ropa, los electrodomésticos, todo. Aunque dentro de la casa el agua solo subió a cuatro pies, lo perdimos casi todo porque todo estaba en el suelo. Lo único que quedó fue lo que estaba colgado más arriba. Además, tenemos un negocio. Él perdió todas sus herramientas de trabajo, todo lo que necesita para ganarse la vida. Pero la comunidad respondió.
Varias personas vinieron y nos ayudaron a escarbar entre los escombros. Logramos rescatar algunas cosas que pensábamos imposibles de salvar, recuerdos de los abuelos, cosas con un gran valor sentimental. La gente ha sido realmente increíble. No tengo palabras suficientes para agradecer a la comunidad y a organizaciones como la de ustedes, que realmente se acercan, vienen aquí, se ponen a nuestro nivel y hacen preguntas.
En un momento, cuando volví a la casa mientras estábamos alojados en casa de nuestro hijo, creo que llegamos a tener unas 100 o 150 personas allí al mismo tiempo. Voluntarios que aparecieron de la nada para ayudarnos a limpiar, a sacar lodo, a rescatar pertenencias y a revisar fotos. Dedicaron tiempo a ayudarnos a comprender lo que nos había pasado y a encontrar un poco de paz en medio de todo”, relató Jennifer Nicholson.
La pareja concluyó:
En cuestión de minutos se borraron 57 años de su vida y 54 de la mía. Todos nuestros recuerdos, todas nuestras pertenencias especiales, simplemente desaparecieron.
Ronnie Williamson y Jennifer Nicholson
Sobrevivientes del desastre
Voluntarios ofrecen una cálida compañía para sanar los corazones heridos
Otra de las afectadas, Melissa Williamson, fue rescatada junto a su perro por los bomberos. No tuvo tiempo de sacar nada de su casa. Así lo relataba. “La noche en que llegó la inundación, ya era de madrugada. Salí de mi trabajo en una tienda de comestibles alrededor de la medianoche, llegué a casa y me acosté sobre la una de la mañana. Mi perro estuvo ladrando toda la noche y hubo un momento en el que empezó a gruñir, a rascar y a saltar. Me levanté para mostrarle que solo era una tormenta, pero no lo era. El agua ya llegaba al marco de la puerta; había varios pies de agua y la corriente era tan fuerte que no podía enfrentarme a ella. Miré por la puerta principal y mi camioneta ya estaba bajo el agua.
Entonces llamé a mi abuela y le dije: ‘Cuida de mi hijo. Yo voy a llevar a los perros a un lugar más alto’. Subí al ático y puse a mis perros allí. Pateé la pared lateral de la casa para poder salir al techo si lo necesitaba. Me quedé en el ático unos 40 minutos hasta que llegaron los bomberos de Burnet y me sacaron de la casa. Ese día rescataron a todos los vecinos de nuestra calle, incluidos nuestros perros, también sobrevivieron tres gatos. Todos logramos salir con vida”, contó.
Melissa compartió lo que significó recibir la ayuda de Tzu Chi:
Lo que ustedes hicieron por nosotros nos ayuda en formas que quizá no imaginan.Tengo que volver a sacar las tarjetas del Seguro Social, las actas de nacimiento, los registros… cada trámite suma y cada pequeña ayuda cuenta muchísimo.Todo lo que nos dan, cada apoyo, hace una diferencia enorme.
Melissa Williamson
Sobreviviente del desastre
Melissa también recordó su regreso a casa al día siguiente de la inundación, sintiéndose abrumada y sin saber por dónde empezar:
“Ese mismo día comenzaron a llegar los voluntarios. Yo los mandaba al final de la calle porque no pensaba que fueran a ayudarme, hasta que una mujer apareció con determinación, y con las manos en la cintura me dijo: ‘Tú también has sido afectada, así que vamos a ayudarte’. Entraron con un grupo de unas 30 personas y empezaron a limpiar todo el interior de mi casa. No tiraban las cosas como si no importaran, al contrario, fueron muy respetuosos con todo lo que hacían.
Fue tan conmovedor y alentador ver cómo trataban mis pertenencias, cómo se preocupaban. Aunque fue abrumador ver que todo lo que había trabajado en mi vida desaparecía, también fue profundamente emotivo ver a la comunidad unirse de esa manera y sentir el apoyo que hemos recibido de recursos externos. Ha sido increíblemente reconfortante”.
Un perro de servicio salva a su dueño, mientras continúa la complicada reconstrucción
A pesar de los graves daños, el superviviente Jon Bender dio las gracias por seguir con vida. Sobre todo, con su perra de servicio, que fue quien logró que se salvara. “Nadie sabía que iba a subir a 26 pies y fue muy rápido. Rápido de verdad. En cuestión de minutos el agua subió mucho… Tengo una perra de servicio que me alertó, porque si no, yo no estaría aquí”.
Como las medicinas de ambos —las suyas y las de su perra — quedaron arruinadas por el agua, lo primero que hizo con la tarjeta de apoyo de Tzu Chi fue comprar medicamentos y comida. Así lo contó: “Estoy viviendo en el cuarto de baterías de la casa del novio de mi hija… Mi perra y yo estamos ahí; si no, estaría viviendo en mi Jeep. Muchas gracias, lo aprecio, de verdad lo aprecio. Sé que mi hija también lo va a agradecer. Voy a ir al veterinario para conseguirle las medicinas… lleva como tres semanas atrasada con su receta… Lo aprecio, muchas gracias”, dijo con emoción.
Voy a usar esa tarjeta para las medicinas de mi perra de servicio y su comida. Lo primero que necesito es darle su medicina, porque una de las cosas que perdimos en la casa fueron todas las prescripciones, las mías y las de ella… Primero tengo que cuidar del animal, ¿verdad? Ella me salvó, así que yo la voy a salvar.
Jon Bender
Sobreviviente del desastre
Escapar del desastre: la ayuda de Tzu Chi siembra esperanza
El hijo de Kendall Milburn, Greyson Milburn, había sacado un préstamo para comprar una casa rodante y vivir en ella. La deuda estaba casi pagada cuando la caravana fue arrasada por la inundación y el otro automóvil de la familia también quedó destruido. Kendall lamentó haberlo perdido todo y se vean obligados a empezar desde cero. El único consuelo es que su hijo y su familia lograron salir a salvo.
Kendall transmitió el agradecimiento de su hijo por la ayuda recibida y su deseo de contribuir. “Encontrarse con personas como ustedes en Tzu Chi, según dijo él, es como recibir cuidado, acompañamiento… cada pequeño gesto ayuda. El trabajo que están haciendo aquí es increíble, solo miren a cuánta gente han ayudado hoy”.
Cada gesto, por pequeño que sea, ayuda mucho. Lo que ustedes hacen aquí es increíble. Recibimos dinero, una cobija, y también un bamboo bank que vamos a llenar y devolver. Queremos retribuir y seguir sembrando bondad.
Del Milburn
Madre de un sobreviviente
Los voluntarios aprenden al ayudar: tender la mano sana el corazón



Los voluntarios se sintieron profundamente apenados al escuchar los relatos desgarradores de los supervivientes y cómo los ahorros de toda su vida habían quedado bajo el agua. Al mismo tiempo, consideraron muy significativo poder representar el cuidado de Tzu Chi en todo el mundo, entregar amor con sus propias manos y tender una mano amiga.
Tsang-Bin Wen, director del Centro de Servicio de Austin, expresó: “Estamos agradecidos de que nuestros esfuerzos no hayan sido en vano y aliviados de haber podido entregar personalmente el amor de Tzu Chi, que viene de todo el mundo, a los sobrevivientes del desastre. Hubo un área afectada donde los datos no eran claros, pero al realizar una evaluación en el terreno para confirmar la situación y obtener la aprobación del director ejecutivo, Sean Lo, logramos asistir con éxito a esas familias.
Esto demuestra, una vez más, la importancia de las evaluaciones presenciales para evitar ambigüedades en el manejo de la ayuda. En esta ocasión, colaboramos con múltiples organizaciones para la distribución y, a pesar del espacio limitado, los voluntarios trabajaron de manera coordinada, mostrando un espíritu y un trabajo en equipo ejemplares.
No deseamos que ocurran desastres, pero cuando suceden, los voluntarios de Tzu Chi pueden realizar evaluaciones en terreno y distribuir ayuda rápidamente”.
Y concluyó:
Estas donaciones son bendiciones y muestras de cuidado de todo el mundo, entregadas a través de nuestras manos a los sobrevivientes para ayudarlos a reconstruir sus vidas. Es un esfuerzo verdaderamente valioso.
Tsang-Bin Wen
Director del Centro de Servicio de Austin de Tzu Chi
El día de la distribución, 41 familias afectadas recibieron la ayuda. Foto/Luca Yeh
La luz de la humanidad brilla tras el desastre
Tres semanas después de la inundación, las familias afectadas seguían trabajando arduamente para reconstruir sus hogares.
La pareja Ronnie Williamson y Jennifer Nicholson relató:
“Seguimos teniendo que pagar la hipoteca, la electricidad, todas las facturas siguen llegando y ninguno de los dos ha podido trabajar. Perdimos cuatro vehículos, así que no teníamos manera de movernos. Y el seguro no responde… Aunque la ayuda económica que recibimos no sea enorme, es crucial para poder recuperar lo perdido. Son los pequeños pasos los que más ayudan, porque no estamos pidiendo que alguien llegue y diga: ‘Necesito cuatro millones de dólares’.
Nosotros estamos dispuestos a trabajar para recuperar nuestras cosas. Por eso estamos tan agradecidos de que haya personas como ustedes que digan: ‘Aquí está este poquito, es todo lo que podemos dar, pero es suyo, sin preguntas’. Eso te devuelve la paz. Te devuelve la fe en la humanidad”.
También compartieron lo que significa el acompañamiento humano de los voluntarios:
El simple hecho de poder venir aquí, hablar con ustedes, recibir una sonrisa amable y un abrazo, también es un alivio. Muy a menudo nos agotamos intentando recoger y arreglar todo y al final del día estamos solos, cansados. Pero al poder conversar un poco, uno siente que se libera de esa carga. Es un gran alivio del estrés. No te das cuenta de cuánto ayuda, pero lo hace. Y mucho.
Ronnie Williamson y Jennifer Nicholson
Sobrevivientes del desastre
Aunque la inundación se llevó casas y pertenencias, despertó al mismo tiempo lo más resiliente y bondadoso del ser humano. El apoyo cálido de los vecinos y de los voluntarios de Tzu Chi se convirtió en un rayo de esperanza que iluminó los corazones abatidos. En este camino de reconstrucción, el futuro sigue lleno de esperanza gracias al amor y la solidaridad que acompañan a los sobrevivientes.