Escrito por Maria Pacheco
Editado por M. Carolina Saheli
En el bullicioso corazón de Corona, un vecindario vibrante y diverso en Queens, Nueva York, un grupo de voluntarios vestidos con chalecos amarillos y camisas azules trabajan con precisión y compasión dentro de una unidad móvil. No se trata de una clínica cualquiera: es un operativo de salud visual que, en tan solo un día, transforma vidas.
En este lugar, los voluntarios de Tzu Chi Región Noreste, en alianza con Brigada de Esperanza NY y bajo la dirección de la jueza del Tribunal Supremo de Nueva York, Carmen Velásquez, organizaron una jornada de salud visual que dejó una huella indeleble en más de 75 personas —en su mayoría latinas— en tan solo unas pocas horas.
“Estamos justo en el corazón de Corona”, afirma el Dr. Kenneth Liao, Director de Desarrollo Médico de Tzu Chi USA en la Región Noreste. “Estamos realizando un operativo móvil de salud visual. Y el impacto es profundo”.
Acceso a la salud: una necesidad invisibilizada
El operativo tuvo lugar a finales de abril. Para muchos residentes de este vecindario, acceder a un examen de la vista o unas gafas representa un lujo fuera de su alcance económico. Algunos no cuentan con seguro médico; otros, simplemente no saben cómo navegar por el sistema de salud.
“Muchos no utilizan los recursos disponibles en sus comunidades porque no saben leer o no entienden ciertas cosas”, explica Esther Trani, voluntaria de Tzu Chi. “Y solo con hacerse un examen simple de la vista… puede abrirles el mundo entero”.
Ese fue precisamente el caso de Estefanía Buitrago, una residente local que llegó sin saber qué esperar, y se fue con una sonrisa —y con gafas nuevas— en menos de media hora. “Estaba empezando a necesitar lentes para leer, y esto fue magnífico. Me hicieron el examen súper rápido y me dieron mis gafas al instante. Totalmente gratis”, relató.
Una alianza para servir con propósito
Este evento fue posible gracias a la colaboración entre los voluntarios de la Oficina de Tzu Chi Nueva York y Brigada de Esperanza NY, una organización liderada por la jueza Carmen Velásquez, quien ha dedicado su carrera no solo a la justicia, sino también al servicio comunitario.
“Cuando abrimos las inscripciones por redes sociales, en solo 15 minutos ya teníamos 75 personas registradas”, señaló la jueza. “La mayoría son personas latinas que tienen una necesidad urgente de atención visual”.
En el sistema médico tradicional, obtener gafas puede ser un proceso largo: primero el examen, luego la espera, el pago… y finalmente, con suerte, el acceso a lentes. Pero en esta jornada, los asistentes recibieron su examen y gafas el mismo día.
“Imagínate lo que significa para una persona que no puede pagar este tipo de servicios”, reflexiona la jueza Velásquez. “Hoy, tienen la oportunidad de ver con claridad, de inmediato. Es algo asombroso”.
Para la jueza, esta alianza entre ambas fundaciones es un modelo a seguir: una colaboración entre comunidad, voluntariado, instituciones y fe capaz de generar resultados concretos y transformadores.
La mayoría de los asistentes al operativo son inmigrantes latinos quienes no tienen acceso a seguros de salud. Fotos: Jaime Puerta
Ver para aprender: el caso de los niños
El Dr. Kenneth Liao destaca que estos operativos no solo tienen un impacto inmediato, sino que también transforman el futuro de los más jóvenes. “Muchos niños no saben que tienen problemas de visión”, explica. “No se dan cuenta hasta que se les cooloca su primer par de lentes”.
El impacto académico es tangible. El Dr. Liao lo resume con una estadística simple, pero poderosa: “El resultado es asombroso. Con su nuevo par de gafas, los estudiantes pasan de una calificación C a una A. Así de grande es la diferencia”.
Más allá de la mejora en la vista, lo que cambia es la autoestima, la capacidad de aprender, y la forma en que los niños se ven a sí mismos y al mundo que los rodea.
Ese fue el caso de Elisabeth Alcocer, una niña que enfrentaba dificultades en la escuela por no poder ver bien la pizarra. Su madre, Alexandra Alcocer, relató con emoción cómo su hija intentaba participar en clase, pero se frustraba: “Me decía, ‘mamá, lo intenté, pero no vi, así que no lo apunté’. Los maestros me llamaban para decirme que necesitaba lentes”.
Desde que Elisabeth recibió sus gafas, todo cambió. “Estoy muy agradecida”, dijo la niña con una sonrisa tímida, pero llena de confianza.
Elisabeth Alcocer se quejaba de no poder ver bien en la escuela. Ahora sonríe – usando sus nuevas gafas – gracias a la ayuda de Tzu Chi. Fotos: Jaime Puerta
El operativo en Queens no fue un evento aislado. Forma parte de una estrategia más amplia de Tzu Chi USA para llevar servicios de salud —especialmente visual— a comunidades marginadas en distintas regiones del país.
La jornada concluyó, pero su eco perdura en cada hogar al que regresaron esas 75 personas con gafas nuevas… y con una nueva perspectiva de sí mismas y del mundo que las rodea. Lo vivido en el corazón de Corona no fue solo un acto médico, sino una declaración de principios: que toda persona, sin importar su situación migratoria, nivel económico o dominio del idioma, merece ver con claridad —y ser vista con dignidad.
La necesidad sigue siendo enorme. Así como en Corona, existen miles de barrios en Estados Unidos donde familias enteras aún no tienen acceso a servicios básicos de salud visual.