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Tzu Chi Nueva Jersey celebra 30 años sembrando amor y esperanza

Región Noreste  |  9 Mayo, 2025
Tres generaciones de voluntarios de Tzu Chi se reúnen para celebrar el 30.º aniversario de la sección de Nueva Jersey. Foto/ Yaochung Hu

Escrito por Wenchi Chuang 
Traducido por María Pacheco
Editado por M. Carolina Saheli

El 15 de marzo de 2025, la oficina de Tzu Chi en Nueva Jersey celebró con alegría y gratitud tres décadas de servicio. Voluntarios de Nueva Jersey y Nueva York asistieron en persona, mientras que miembros de Filadelfia y Pittsburgh se unieron virtualmente para conmemorar esta ocasión tan significativa.

El evento reunió a tres generaciones de voluntarios, quienes compartieron recuerdos, reconocieron los logros del pasado y renovaron su compromiso de continuar sembrando bondad en el mundo. El ambiente estuvo lleno de bendiciones, sonrisas y profunda gratitud. Desde California, la entonces directora ejecutiva de Tzu Chi USA, Debra Boudreaux, viajó para llevar los saludos y buenos deseos de la sede central.

Bendiciones que inspiran

Voluntarios de Nueva York llevan duraznos de la longevidad, tradicionalmente servidos en los cumpleaños, para desearle a la oficina de Nueva Jersey un feliz 30.º aniversario. Foto/ Birdy Wu
Debbie Lin, la "Primera Semilla" de la oficina de Nueva Jersey, lee una carta de bendiciones de la Maestra Cheng Yen. Foto/ Birdy Wu

Fundada en 1995 en Cedar Grove, la oficina de Nueva Jersey ha sido un faro de amor y compasión durante tres décadas. La celebración comenzó con el maestro de ceremonias, Zhongyi Chao, quien invitó a Debbie Lin, considerada “la primera semilla” de esta oficina, a leer una carta de felicitación enviada por la Maestra Cheng Yen:

En la encrucijada de esta gran era, la sede de Nueva Jersey, como una semilla de bondad, ha abierto el campo bendito del amor global en la Tierra. Ha asumido la misión de ser el primer auxilio en desastres, permitiendo que el amor fluya hacia donde más se necesita.

La Maestra también alentó a los voluntarios a mantener la intención pura con la que iniciaron:

Estudiar el budismo es como ser agricultor: hay que sembrar buenas semillas, eliminar malas hierbas y trabajar con constancia para fortalecer el crecimiento.

Debbie Lin expresó su deseo de que los voluntarios veteranos sigan acompañando e inspirando a las nuevas generaciones para preservar las tradiciones mientras innovan con valentía:

Debemos proteger a los mayores, guiar a los nuevos y atraer más corazones a este gran esfuerzo.

El exdirector ejecutivo de Tzu Chi USA, Jackson Chen, también participó con palabras de aliento y leyó una carta de Stephen Huang, director global de voluntarios:

Los voluntarios de la oficina de Nueva Jersey han demostrado compasión incondicional a lo largo de los años. Lo más importante en el desarrollo de Tzu Chi es elevar el corazón, despertar la bondad interior y convertirse en una fuente de energía positiva en la sociedad.

Un reencuentro espiritual

Luego, Chao presentó a los voluntarios de Nueva Jersey y Nueva York, mientras en pantalla se veían los rostros sonrientes de quienes se conectaban desde Filadelfia y Pittsburgh. Fue un emotivo reencuentro de la “familia del Dharma”, donde muchos compartieron anécdotas y bendiciones.

Doris Chang, directora de la región del Atlántico Medio, expresó con emoción:

Damos la bienvenida a nuestra familia del Dharma. Estoy agradecida con la Maestra Cheng Yen por crear este mundo de Tzu Chi, donde todos tenemos un hogar espiritual.

Desde California, Debra Boudreaux compartió un mensaje de unidad en el evento:

Las oficinas de Nueva York y Nueva Jersey son hogares para todos nosotros. ¡Felicidades por estos 30 años de amor inquebrantable!

Freeman Su, director de la región noreste, recordó las palabras de la Maestra:

Conserven lo antiguo mientras innovan, y mantengan viva la herencia del Dharma.

Treinta años de amor y luz

Voluntarios de distintas generaciones organizan el evento, creando un ambiente relajado y cálido, propio de Tzu Chi. Foto/ Birdy Wu
Carol Wu, voluntaria criada en Nueva Jersey, regresa de Boston con su hijo para el evento. Foto/Yaochung Hu

Un emotivo video titulado “Recordando el camino recorrido” presentó la historia de esta sede: desde aquella primera semilla, pasando por la fundación de la Academia Tzu Chi y el desarrollo de campamentos formativos, hasta llegar al hogar espiritual que construyeron juntos.

Jackson Chen relató los desafíos iniciales de la oficina y cómo, con el esfuerzo de todos, lograron consolidar su sede en la región.

Las presentadoras Diana Kuo y Emily Chou animaron a los asistentes con un juego interactivo, en el que se reconoció a los voluntarios con 5, 10, 15 y hasta más de 25 años de servicio. Las sonrisas y abrazos llenaron el ambiente.

Sam Chou, subdirector ejecutivo regional, comentó con humor:

Somos muchos los voluntarios mayores aquí. ¡Espero que vengan muchos más jóvenes para seguir transmitiendo este legado!

Las historias de vida continuaron con el proyecto del árbol genealógico de Tzu Chi. Algunos jóvenes voluntarios del pasado ya tienen canas; mientras que otros, como los miembros de Tzu Shao y Tzu Ching, ahora son adultos que forman parte de la segunda generación de esta gran familia.

Durante la actividad “Adivina quiénes son”, Carol Wu, una ex Tzu Shao de hace 30 años, viajó desde Boston junto a su hijo para participar.
Jaden Chen, quien ingresó a Tzu Chi hace 20 años, ahora es miembro de Tzu Ching en la universidad.

“Ángeles de Azul” frente al desastre

Voluntarios que no se han visto en mucho tiempo se reúnen para charlar alegremente. Foto/ Stanly Kao
Voluntarios que participaron en las labores de socorro de Tzu Chi tras el 11-S recuerdan sus experiencias. Foto/ Birdy Wu

El video también rindió homenaje al trabajo humanitario de Tzu Chi en momentos de gran crisis. La voluntaria de medios, Yuying Hsu, llevó al público en un recorrido por la respuesta ante los atentados del 11 de septiembre de 2001, donde voluntarios de Nueva Jersey y Nueva York colaboraron activamente.

Debra Boudreaux recordó:

El 11 de septiembre despertó el amor en nuestra oficina. Nos permitió formar parte de la sociedad, ver el sufrimiento de cerca y actuar con más compasión.

También se recordó el impacto del huracán Sandy en 2016. Jackson Chen lideró a voluntarios de Chicago, Cleveland, Washington D.C. y Nueva Jersey en una misión de ayuda. Con cantos y abrazos, brindaron consuelo a los afectados, quienes los apodaron con cariño “Ángeles de Azul”.

Gratitud y cosecha

Tzu Ching y Tzu Shao escuchan atentamente las historias de los voluntarios mayores que fundaron la oficina. Foto/ Birdy Wu
Yinhsu Liu (fila de atrás, centro) era estudiante universitaria en 2001, cuando ocurrieron los atentados del 11 de septiembre. Le conmueve que, después de más de dos décadas, el entusiasmo de los voluntarios de Tzu Chi siga intacto. Foto/ Stanly Kao

La celebración del 30.º aniversario fue un cálido reencuentro familiar. Lágrimas de gratitud brotaron entre los asistentes al recordar los años de servicio.

Yinhsu Liu se conmovió al ver el video, reviviendo su experiencia como voluntaria durante el 11 de septiembre:

Los voluntarios de esa época tenían mi edad. Hoy quiero recuperar su entusiasmo para conectar con más personas.

Por su parte, Benjamin Hsieh, joven integrante de Tzu Shao, conoció por primera vez la historia fundacional de la oficina y expresó:

Este video me recordó por qué quise ayudar desde el principio. Espero seguir creciendo dentro de esta familia.

El evento culminó con el concierto “Camino de los votos vivos”, donde tres generaciones de voluntarios unieron sus voces, gestos y corazones en un espectáculo lleno de amor.

Cuando la familia del Dharma de Nueva York trajo al escenario los tradicionales “melocotones de longevidad”, toda la audiencia entonó la canción “Bendiciones infinitas y larga vida”, celebrando los 30 años de la oficina.

Tres generaciones de voluntarios interpretan la canción en lengua de señas "Una Familia", con el deseo de transmitir el gran amor de Tzu Chi. Foto/ Birdy Wu
Voluntarios llevan los duraznos de la longevidad al evento. Foto/ Yaochung Hu

La presentación en lenguaje de señas, “Somos una sola familia” emocionó a todos. Voluntarios y público se unieron, creando una atmósfera conmovedora y armoniosa.

El cierre fue con “Un mundo de mil manos”, también en lenguaje de señas, simbolizando el compromiso de continuar transmitiendo el amor de Tzu Chi de corazón a corazón, de generación en generación.

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