Maestra del Dharma Cheng Yen
Traducción: Departamento Dharma as Water Development, Tzu Chi USA
Tzu Chi lleva sesenta años en activo; lo que supone un gran logro para la fundación. Pero aún más notable es cómo las causas y las situaciones que defendemos han logrado reunir la energía de tantas personas en todo el mundo.
Los países donde Tzu Chi se ha establecido, como por ejemplo Taiwán y Canadá, están muy alejados entre ellos. En el caso de estos dos, separados por más de 12.000 kilómetros. Sin embargo, creo que sus “naturalezas son similares”. La diferencia entre vosotros, los voluntarios, y yo misma es que, mientras vosotros tenéis profesiones, yo tengo mis misiones. Por eso, yo me convertí en monja y ustedes formaron familias. Cada uno ha formado su propia familia, pero al mismo tiempo, todos formamos parte de una misma gran familia que lleva a cabo sus misiones juntos. El espíritu de nuestra misión es trabajar “por las enseñanzas del Buda y por todos los seres sintientes”.
Tzu Chi no discrimina entre religiones. Llevamos el espíritu del Buda, pero respetamos todas las creencias. Tampoco hacemos distinciones por nombre. En cada país y cada cultura surgen diferentes nombres para las religiones, por lo que la gente dice: “Yo soy católico, tú eres protestante, él es musulmán…”. Pero cuando los unimos, todos los nombres son formas distintas de “fe”. Lo que todas las religiones tienen en común es un camino amplio y abierto: el amor. El amor que une a todos es el “gran amor”.
Todos ustedes mantenéis el espíritu del gran amor de Tzu Chi y habéis establecido el Jardín del Gran Amor de Tzu Chi. Este jardín se ha convertido en un espacio de formación espiritual, donde se nutren muchos Bodhisattvas. Esto me llena de alegría. Aunque cada persona tenga su propia profesión u ocupación, en este espacio de cultivo compartimos una aspiración común.
En las familias modernas, quienes estudian deben atender sus estudios y quienes trabajan deben atender su trabajo; no es fácil encontrar tiempo para estar juntos. Pero ahora, con esta gran extensión de tierra, los corazones de todos están conectados. Esta armoniosa vitalidad y este afecto entre las personas se manifiestan cuando se encuentran.
En las enseñanzas budistas, a los Bodhisattvas se les llama “seres conscientes despiertos”. Todas las personas poseen una naturaleza despierta, pero muchas han perdido el rumbo. Actúan pensando “tú eres tú”, “él es él” y “yo soy yo”. De este modo, las personas no están unidas por un sentimiento común. Cuando existe alguna relación entre ellos, suele estar marcada por el apego o los conflictos; sin que los corazones estén unidos. Tzu Chi, en cambio, reúne causas y condiciones para que todos compartamos un objetivo común: el amor. Y lo más especial de todo es que todos tenemos al mismo maestro y seguimos el mismo camino. Todos me escuchan, por lo que al actuar no hay conflictos. Trabajamos juntos en armonía para hacer el bien.
En la sociedad moderna, mucha gente considera que la vida y el trabajo son muy estresantes. En el Jardín del Gran Amor, las personas pueden adoptar un cantero con plantas y dedicar uno o dos días a la semana a cuidarlo para relajarse. Pueden pisar la tierra, observar los árboles, cosechar sus frutos y cuidar las flores y las plantas. Pueden experimentar la vitalidad y sentir la alegría de cultivar la tierra. Sentir la alegría que siente la gente al trabajar la tierra es, para mí, una forma de disfrute. Cuando regresan y comparten su “diversión”, siento como si yo misma hubiera estado allí. Aunque piense: “Esa sería la vida ideal para mí”, sé que mi camino es otro.
Recuerdo que cuando fui a Hsinchu, también vi allí un jardín lleno de alegría que había sido adoptado por un grupo de ancianos.
A las personas mayores no les resulta fácil agacharse y levantarse después. Por este motivo, los voluntarios de Tzu Chi construyeron estructuras elevadas para elevar los huertos y que los ancianos pudieran plantar de pie o sentarse a cosechar. Incluso llevaron sillas altas para que pudieran trabajar la tierra. De este modo, pueden sentarse frente a frente y conversar. No hablan de chismes familiares. Sus conversaciones siempre están llenas de amor para evitar que yo me preocupe.
En la vida, quienes trabajan duro se sienten agotados, mientras que los que tienen demasiado ocio se aburren. La gente ocupada no tiene tiempo libre y los desocupados no encuentran la alegría. ¿Cuál es la mayor felicidad en la vida? Ser voluntario de Tzu Chi. Porque no es algo que hacemos para nosotros mismos, sino para el mundo entero. Trabajamos para beneficiar a la sociedad y para hacer cosas dignas de reconocimiento. También para crear beneficios para toda la comunidad. Estas acciones son como las huellas que dejamos al caminar. Debemos recorrer el camino correcto, crear beneficios para la sociedad y hacer cosas que tengan un significado verdadero.
Cada día hago un balance de mi vida y siento que está llena de valor. Mis discípulos han llegado hasta lugares muy lejanos. Primero, construyeron sus propios caminos y estabilizaron a sus familias. Y ahora, también se dedican a llevar adelante las misiones de Tzu Chi. Somos una gran familia que invita a todos a cultivar los campos en unión. Lo más importante es que contamos con compañeros Bodhisattvas. Todos aquellos con quienes trabajamos son Bodhisattvas.
El Buda vino a este mundo por una gran causa: enseñar el Camino del Bodhisattva y guiar a los seres sintientes para que reconozcan el camino hacia la iluminación. Las enseñanzas dicen: “Aprender es despertar”. Ahora estamos en la “etapa de aprendizaje”, educándonos a ser Bodhisattvas. Debemos asimilar las enselanzas con el corazón de un niño, dejando atrás los hábitos arraigados y eliminando los pensamientos dispersos. Debemos estudiar las enseñanzas del Buda con una mente pura. No es posible aprenderlas sin practicar el Camino del Bodhisattva. Debemos soltar las preocupaciones del corazón y aprender del cielo, de la tierra y del mundo humano. Educarnos en “la gratitud, el respeto y el amor” es practicar el Camino del Bodhisattva.
Una persona puede pensar sobre otra: “Ha sido muy bueno conmigo, debo estar agradecido”. O también: “¿Por qué debería estar agradecido contigo? No sé si has sido bueno conmigo”. En Tzu Chi, la palabra que nos define es la “gratitud”. Cuando miro a la gente, siempre digo: “Estoy agradecida”. Cuando aprendemos a dar las gracias los unos a los otros, la sociedad se vuelve armoniosa y la humanidad alcanza la paz.
Para crear una tierra pura en este mundo, primero debemos fomentar la pureza en el corazón de la gente. Tú purificas tu propio corazón y yo purifico el mío. Cuando la naturaleza de nuestros corazones es pura y limpia, podemos crear bendiciones para los demás de forma natural. El camino que estamos recorriendo es el correcto, pero debemos reconocer la impermanencia de la vida para ser valientes y diligentes. Algunos de mis discípulos canadienses, muy cercanos a mi corazón, ya partieron y regresaron a este mundo. Ellos son mi esperanza para el futuro. Yo estoy envejeciendo; algún día también partiré, pero regresaré muy pronto.
Cuando vuelva, habrá hermanos y hermanas mayores; los tíos y tías de Tzu Chi cuidarán de mí, me guiarán por el Camino del Bodhisattva y transmitirán el espíritu. Espero que todos tengan aspiraciones y hagan votos para continuar en la familia Tzu Chi, vida tras vida, generación tras generación.
Compilado a partir de las enseñanzas de la Maestra Cheng Yen en un encuentro con voluntarios de Canadá, el 12 de octubre de 2025.