Maestra del Dharma Cheng Yen
Traducción: Departamento de Español, Tzu Chi USA
Los tiempos han cambiado mucho. La vida que llevábamos en nuestra juventud no se parece en nada a la que llevamos hoy. Cada etapa trae consigo nuevas formas de vivir. Aun así, podemos sentirnos muy afortunados: desde el periodo de la restauración, posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando Japón devolvió Taiwán, las islas Pescadores, Kinmen y Matsu a la República de China, la economía y la sociedad han sido estables, el sistema educativo ha mejorado y el acceso a la educación se ha vuelto algo común para todos.
Antes, cuando uno preguntaba a una familia: “¿Cuántos de sus hijos están estudiando? ¿Dónde estudian?”, los padres solían decir: “Esperamos que al menos terminen la secundaria”. Y les respondíamos: “Es admirable que puedan apoyarlos hasta ese nivel”. Entonces ellos decían: “Hoy en día, es fundamental que los hijos reciban educación”. Así era la realidad durante varias décadas después del periodo de la restauración.
Hoy en día, el acceso a la educación es generalizado y el nivel académico ha mejorado notablemente. Deberíamos valorar esta oportunidad y reflexionar sobre todo lo que hemos recibido de la sociedad. ¿Cómo podemos retribuirlo? A veces escuchamos: “Yo lo logré por mi propio esfuerzo.” Pero sin un entorno favorable y los recursos necesarios, ¿realmente habríamos podido avanzar?
Siempre insisto en la importancia de la gratitud. Solo quienes son agradecidos pueden sentirse verdaderamente plenos. Y una vida plena es una vida con alegría y tranquilidad. Vivir en una búsqueda constante de metas puede ser muy desgastador. Necesitamos aprender a soltar y a no apegarnos tanto al éxito económico. Tomémonos un momento para reconocer y disfrutar de las bendiciones que ya tenemos.
¿Quién es afortunado realmente? Quien puede ayudar a los demás. Si no aprendemos a beneficiar a otros, por mucho que tengamos, siempre sentiremos que no es suficiente. Y eso nos hace sufrir. La codicia alimenta la ignorancia y el dolor. En cambio, cuando damos —cuando ayudamos sinceramente— conectamos con la verdadera felicidad. Dar nos enriquece espiritualmente y nos ayuda a desarrollar sabiduría.
Me conmovió profundamente saber que el término “conductores” o “grupos de conductores” se usa para describir a los intermediarios dentro de las redes de estafa. Muchas de estas personas carecen de un entorno comunitario saludable y de un sentido real de la satisfacción. Si organizaciones como Tzu Chi pudieran guiarlos y brindarles educación, sería una forma de redención. Es similar a lo que hacen los maestros que enseñan en cárceles. Gracias a ellos, muchos de los internos, al salir en libertad, continúan recibiendo acompañamiento y logran reconstruir sus vidas y las de sus familias gracias a un proceso constante de apoyo.
Es algo realmente conmovedor. Los docentes aplican distintos métodos y diseñan materiales educativos con gran dedicación. Cada unidad está pensada con profundidad y estructura. Quien recibe este tipo de enseñanza pasa de la ignorancia a la comprensión, de la inexperiencia al discernimiento. Cuando logramos entender, el Dharma entra al corazón y, desde allí, podemos retribuir a la sociedad.
Estoy profundamente agradecida con cada integrante de Tzu Chi. Entre ustedes y yo existe un lazo especial, una relación de maestro y discípulo. Dentro de la Asociación Educativa, cada persona, tanto de los grupos juveniles como de los otros equipos, entrega su esfuerzo con sinceridad para llevar el espíritu de Tzu Chi a todos los rincones de la sociedad. No se trata solo de vínculos personales.
En sus mejores tiempos, la Asociación Educativa —con docentes activos y jubilados— integraba en sus materiales casos reales de asistencia social y experiencias con estudiantes difíciles. Estos temas se compartían en escuelas secundarias, primarias y jardines de infancia… siempre con un enfoque estructurado y con sentido.
Cuando los docentes llegan a la jubilación, algunos piensan: “También es momento de retirarme de Tzu Chi, ya hice mi parte.” Pero, ¿acaso hemos venido al mundo solo a descansar? No. Cada día y cada momento seguimos recibiendo las bendiciones del cielo y de la tierra. Como ahora, que podemos sentarnos a escuchar el Dharma y sentir cómo nutre nuestro corazón y nuestra mente.
Al ver a los discípulos, noto que muchos ya tienen el cabello completamente blanco. El tiempo pasa sin que nos demos cuenta, y aunque nos cueste aceptarlo, envejecer es parte de la ley natural. Aunque a veces nos resistamos, es importante aceptar ese proceso con serenidad. El tiempo que ya pasó forma parte de nuestra historia. Y si en ese tiempo hicimos algo que valga la pena compartir, entonces ha sido un tiempo bien vivido. Pero si simplemente dejamos que pase sin propósito, ese tiempo se pierde.
A veces sentimos cierta culpa por disfrutar los recursos del planeta sin aportar nada a cambio. Pero si de verdad hemos contribuido al mundo, podemos decir con tranquilidad y orgullo: “Qué bueno que pude devolver algo”. No dejemos que las causas y las condiciones que nos formaron se desvanezcan. Maestros, pregúntense: ¿cuántos estudiantes han acompañado a lo largo de su vida? La educación social también importa. Tenemos que seguir interesados en el camino que toman nuestros antiguos alumnos.
A todos los Bodhisattvas de Tzu Chi en el mundo, los animo a ver Da Ai TV y a conocer el trabajo que la fundación realiza en todo el mundo. Al ver tanto sufrimiento, tal vez surja en ustedes la pregunta: “¿Debería hacer una donación?” o incluso: “¿Y si voy personalmente a ayudar?” Cuando conversen con estudiantes o antiguos colegas, lleven estos temas a la mesa. Cultiven relaciones.
Siempre digo: “Cultiva vínculos, extiende amor.” A partir de las relaciones del pasado, pueden nacer conexiones kármicas profundas que generen un gran bien en el mundo.
Para poder transformar el mundo, necesitamos personas. Con personas hay fuerza, y con esa fuerza, el Dharma puede transmitirse. La Asociación Educativa debe encontrar maneras de continuar ese legado. Los maestros activos deben alentar con entusiasmo a que las nuevas generaciones de docentes se integren para que ese espíritu se mantenga vivo de generación en generación. Nuestro compromiso es beneficiar a los demás, expandir la sabiduría y seguir el camino de Tzu Chi: el camino del Bodhisattva, cultivando tanto bendiciones como sabiduría.
Compilado a partir de las enseñanzas de la Maestra Cheng Yen durante un encuentro con la Asociación de Maestros de Tzu Chi en Tainan, celebrado el 25 de diciembre de 2024.