Maestra del Dharma Cheng Yen
Traducido por el Departamento de Desarrollo de Dharma como el agua, Tzu Chi USA
Con el paso del tiempo, experimentamos alegrías y tristezas, separaciones y reencuentros. Así ha sido desde el pasado hasta el presente y así será también en el futuro.
El Buda dijo: “Todos poseemos la naturaleza inherente de Buda”. Sin embargo, en este mundo, las personas pierden su bondad innata de forma gradual. En nuestras vidas breves, nos encontramos constantemente en el ciclo de causas, condiciones, efectos y retribuciones. El “polvo” de la ignorancia se acumula, capa tras capa, de forma continua.
El carácter chino “埃” (aī), en la palabra “polvo”, se pronuncia igual que “哀” (aī), en las palabras “tristeza” o “aflicción”. Nuestra naturaleza radiante intrínseca queda sepultada por el polvo de la ignorancia, y vida tras vida, perdemos de vista nuestra verdadera naturaleza. Nacemos en la ignorancia y mientras vivimos en ella, creamos más y más karma. Como si estuviéramos atrapados en un lodazal del que es difícil escapar.
El concepto de sufrimiento está en el centro del Dharma del Buda. En Tzu Chi, somos afortunados de tener buenas conexiones y de compartir las mismas aspiraciones. Dondequiera que haya necesidad y sufrimiento, quienes estén vinculados a Tzu Chi tendrán la oportunidad de aliviarse.
Por ejemplo, hace poco, tras el tifón Ragasa, los voluntarios de Tzu Chi llevaron a cabo una gran labor en el municipio de Guangfu, situado en el condado taiwanés de Hualien. No fueron solo ellos. También fui testigo de la belleza de Taiwán, con tanta gente —jóvenes, personas de mediana edad e incluso ancianos—acudiendo por su propia voluntad a ayudar a Guangfu. La gente estaba entusiasmada, pero se mostraba ordenada; tranquila y serena. Ataviados con botas de lluvia y cargando palas para recoger el lodo, sostenían carteles de ánimo y formaban filas al bajar del tren. En silencio y en calma, se alineaban uno tras otro, sin ensayos ni llamadas a formarse. Sé que hablar de “belleza” ante un desastre tan grande es una contradicción, pero fue una escena hermosa de verdad.
Existe un dicho: “La tierra es frágil y la vida no es permanente”. Debido a las lluvias que cayeron en las montañas, el dique del lago se desbordó y una gran área quedó de repente sumergida en el agua . Por suerte, la mayoría de los habitantes salió ileso. A pesar de la rapidez con la que el lodo y el agua irrumpieron en las casas, la mayoría de las viviendas quedaron intactas.
La catástrofe me pesó en el corazón, pero ver la fuerte movilización de todos y la belleza de su silencio me dio tranquilidad. La gente no acudió a ayudar debido a la llamada de ninguna organización en particular; si no que fue el resultado de la acción espontánea y proactiva de todos con sus corazones en armonía. El gobierno acudió de inmediato a la zona afectada, pero más importante fue la masiva movilización del pueblo. Quienes tenían vehículos los ofrecían, ya fueran de construcción, camiones, excavadoras o retroexcavadoras. También llevaron botas de lluvia, baldes y palas. Todos llegaron preparados. Estoy profundamente conmovida por Taiwán. Aunque sentir orgullo quizá no sea algo que deba decir, sí, me siento muy honrada. Solo estas tres palabras juntas, “verdad, bondad y belleza”, pueden describirlo.
Las botas de lluvia de la gente acabaron cubiertas de lodo. Así que algunos voluntarios tomaron la iniciativa de lavar el barro con los cepillos. Tales acciones fueron los actos más sinceros de gratitud. ¿El voluntario que lavaba los zapatos era alguien de otra ciudad o un residente local de Guangfu? No importaba. Antes de irse, los que trabajaron juntos en la limpieza se dieron las gracias entre ellos como si fueran una familia.
A menudo utilizo ambas manos para formar un triángulo sobre mi boca y luego las bajo hacia mi corazón, en referencia a los caracteres chinos de unidad. Este gesto quiere transmitir el sentimiento de que “nuestros corazones están unidos”. La belleza de la unidad entre los corazones fue lo que motivó esta ola de esfuerzos de limpieza. La energía de amor fue tan acogedora que sin duda dejará una profunda huella en todos ellos. Sin importar quién haya ido o no a Guangfu, sus recuerdos serán auténticos; incluso quienes no estuvieron presentes pudieron encender la televisión y, sin demora, gracias a las continuas transmisiones de la tecnología, ver la belleza de Taiwán y la paz de Guangfu.
Después de que Guangfu quedara destruido, sumido en el caos y cubierto de lodo, pudo recuperar su belleza con rapidez gracias a la confianza mutua y a la bondad. Los voluntarios no se conocían entre sí, ni conocían a las familias afectadas, y aun así fueron casa por casa a limpiar. Dejaron todo pulcro e incluso preguntaron a los propietarios dónde dejar cada cosa: “¿Llevamos esto adentro? ¿Dónde lo colocamos?” No se trató solo de “unidad”; sus corazones estaban estrechamente ligados y los propietarios expresaron su gratitud en nombre de Guangfu.
Además de impulsar el Dharma, también debemos de continuar repartiendo alimentos entre los afectados. ¿Cómo se organizaron las comidas durante tantos días? La Abadía Jing Si acogió la preparación de parte de las loncheras, mientras que el resto de ellas corrió a cargo de los cocineros voluntarios de la localidad de Ruisui. También debemos agradecer a los vendedores ambulantes de comida y a los responsables de las “cocinas móviles” que llegaron a ayudar desde el norte, centro y sur de Taiwán. Todos decían: “Las loncheras de Tzu Chi son deliciosas”. Los afectados quedaron muy satisfechos con sus comidas. El recuerdo de haber ayudado a Guangfu a volver a la normalidad hizo que los voluntarios de corazones amorosos se sintieran tranquilos, contentos y plenos.
Siempre me he sentido muy bendecida; el trabajo de Tzu Chi y sus voluntarios ya está muy bien establecido. No importa en qué país o dónde ocurra un desastre, los voluntarios se preparan para actuar de inmediato y los equipos de evaluación de daños envían sus informes. También estoy agradecida al equipo del director ejecutivo de Tzu Chi, Yen Po-wen, por hacerse cargo de los asuntos internacionales en mi nombre.
Desde el año pasado, he estado diciendo: “Ahora necesito echarme a un lado y observar en silencio cómo continúa Tzu Chi en el futuro”. Cuanto más observo, más tranquila me siento. La vida de los monjes residentes en la Abadía Jing Si es bastante estable y se sostiene gracias a sus propios esfuerzos en la agricultura. En cuanto a la continuación de la Línea del Dharma Jing Si y la expansión de la Escuela de Budismo Tzu Chi, ambas se extienden con profundidad en las comunidades.
Tzu Chi también cuenta con practicantes puros. Aunque no tienen la apariencia de monjes, limitan el tiempo que dedican a su propia familia para entregarse a la gran familia, sirviendo en el mundo. También hay practicantes residentes que viven en la Abadía y que un día se convertirán en monjes. Todos siguen el Dharma y sus preceptos de forma adecuada.
El equipo de la Escuela de Budismo Tzu Chi se movilizó por completo. El director ejecutivo y el subdirector de la fundación congregaron al personal de todos los departamentos, mientras que los voluntarios y las Cuatro Misiones, actuaron de forma espontánea y proactiva. Yo no participé en esta acción de ayuda humanitaria; no dirigí nuestros esfuerzos, pero estoy agradecida con quienes sí lo hicieron. Durante más de dos semanas, todos supieron lo que tenían que hacer en la zona del desastre en Guangfu, ayudaron a que se recuperara y a que volviera a estar limpia, concluyendo los esfuerzos de manera hermosa. Esto es digno de elogio porque todos ellos son valedores de “méritos infinitos”. Estoy agradecida con todos por desplegar estos valores a la perfección.
Compilado a partir de las enseñanzas de la Maestra Cheng Yen en la sesión de intercambio de la Fundación Tzu Chi el 13 de octubre de 2025 y del informe de la Misión de Cultura Humanista del 2 de octubre.