Español

Tratar a la persona y sanar el corazón

Oficina Nacional | Enero 23, 2026

Maestra del Dharma Cheng Yen
Traducción: Dharma as Water Dev. Dept, Tzu Chi USA

Traducido al español por Gabriela Guandique

De las cuatro misiones de Tzu Chi, la que más me preocupa es la misión médica. En el transcurso de la vida, nadie puede evitar el nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte. La atención médica está íntimamente relacionada con la vida misma; es uno de los pilares fundamentales para protegerla y preservarla. El mayor sufrimiento en la vida es la enfermedad. Cuando una persona está enferma, deposita su confianza en el personal médico y comparte su dolor físico y emocional. Los médicos, con profesionalismo y compasión, procuran comprender ese sufrimiento y aliviarlo. Sin embargo, cuando los tratamientos no logran curar la enfermedad, incluso los médicos pueden sentir impotencia y experimentar emociones difíciles.

Las enfermedades son complejas y también lo son las condiciones de cada persona. Hay padecimientos que no son graves, pero el estado mental o el temperamento del paciente puede dificultar su recuperación. En otros casos, aunque el diagnóstico sea claro, la enfermedad no puede sanar con los medios médicos disponibles. Desde la perspectiva del Dharma del Buda, existe el principio del karma. La vida de cada persona es influenciada por causas y condiciones acumuladas a lo largo del tiempo. Cuando las causas de un karma negativo aún no se han agotado, la enfermedad puede persistir.

Podemos preguntar a cualquier médico qué lo inspiró a elegir su profesión, y con frecuencia responderá: “¡Quería salvar vidas!” Se necesita una gran compasión para atender a los pacientes y aliviar su sufrimiento. Sin embargo, ejercer la medicina es verdaderamente difícil. Como dijo el Dr. Chin-Lon Lin, director ejecutivo de nuestra Misión Médica: “Si todo sale bien, no hay recompensa; pero si algo sale mal, uno es responsable.” Aunque los médicos abrigan la esperanza de aliviar el dolor y salvar vidas, hay momentos en los que también se sienten realmente impotentes.

En la vida, el nacimiento y la muerte son caminos inevitables que todos debemos recorrer. No obstante, las personas se aferran a la vida y temen la muerte. En realidad, no hay razón para temer. Si permanecemos conscientes en el momento presente, podemos venir y partir con serenidad. Esto es especialmente cierto para quienes asumen la misión de Tzu Chi y recorren el Camino del Bodhisattva. Cuando nuestra dirección está firme, hay aún menos espacio para el miedo. Lo importante es valorar esta vida presente y continuar fortaleciendo nuestra práctica del Camino del Bodhisattva en el futuro.

La sensación de impotencia del ser humano radica en que la enfermedad y la muerte son inevitables; no existe tratamiento en el mundo que pueda impedir la muerte. Por eso necesitamos buenos médicos y buenas enfermeras: los médicos tratan la enfermedad, y las enfermeras brindan cuidado constante. La ciencia médica ha avanzado mucho, pero por más avanzada que sea, no puede curar la muerte. Los profesionales de la salud solo pueden hacer todo lo posible por aliviar el sufrimiento y ofrecer acompañamiento espiritual.

Los médicos y las enfermeras Bodhisattvas poseen, por naturaleza, un corazón amoroso. Estudiar medicina no es fácil, y aun así ellos dan sin esperar nada a cambio. En muchos sutras budistas, el Buda es llamado el “Gran Rey de la Medicina”, porque despertó a la verdad y alcanzó una sabiduría suprema capaz de aliviar el sufrimiento de la humanidad. Yo siempre llamo a los médicos “Reyes de la Medicina”. Los seres sintientes tienen emociones, y lo que más temen es la enfermedad. La enfermedad impide vivir como uno desea, pero tampoco permite morir; se quiere estar sano y no se puede, se quiere morir y no se puede. Esa es, verdaderamente, una vida de gran sufrimiento.

A menudo hablo de reflexionar sobre el valor de la vida. Entre todas las profesiones, ¿existe alguna más valiosa que la de un médico? Cuando las personas están enfermas, necesitan acudir a un médico. Algunos dicen: “He ido con este médico y no hubo resultado; fui con otro y tampoco; he consultado a todos los médicos reconocidos.” Yo les digo: “El éxito depende de la afinidad entre el médico y el paciente, y también de las bendiciones del paciente. Busquen a aquel médico con quien sientan afinidad; si confían en él o en ella, el medicamento que prescriba seguramente tendrá efecto. Y aunque no haya cura completa, al menos aliviará el sufrimiento físico. Cuando hay fe y confianza en el médico, es como si la enfermedad se redujera a la mitad.”

En resumen, “tener fe y aceptar” es muy importante. Los médicos deben ganarse la confianza de las personas, para que los pacientes acepten con fe tanto sus palabras como los tratamientos que prescriben. Incluso si la salud no puede restablecerse por completo, el paciente seguirá sintiendo gratitud.

Los médicos también deben agradecer el esfuerzo y la confianza de sus pacientes. Al tratar una enfermedad, debemos tratar a la persona; y, lo más importante, sanar el corazón. En la interacción entre médico y paciente, es fundamental que el paciente confíe. Cuando el paciente siente que puede apoyarse en su médico, entonces puede fortalecerse por sí mismo. El médico no solo debe atender la dolencia física, sino también cuidar el corazón del paciente con sinceridad; así el tratamiento será más efectivo.

Durante la ceremonia anual de bendición de fin de año, veo a todos ensayar con diligencia cada día, expresando con el corazón más reverente la armonía y la unidad de todo el hospital. Al observarlos, incluso llego a sentir cansancio. ¿Por qué? ¡Porque mi cuello se cansa de mirar hacia adelante y hacia atrás! Los que están al frente brillan con excelencia, y los que están atrás mantienen la armonía. Es profundamente conmovedor. Esto quizás solo puede lograrse en Tzu Chi. Después de casi cien días de práctica, los pasajes del sutra quedan profundamente grabados en sus corazones.

Espero que esto no suceda solo una vez al año para una presentación, sino que ese mismo espíritu acompañe su labor diaria, que puedan interactuar con los pacientes con esa misma armonía, e incluso guiarlos —quizás a través del canto— como una forma de sanación espiritual.  

Siento que mi vida ha sido muy significativa y me llena de alegría. Estoy profundamente agradecida por la armonía entre los Reyes de la Medicina y las enfermeras Bodhisattvas. Aunque enfrentan el nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte todos los días, cuando se reúnen para profundizar en las enseñanzas budistas, confío en que sus corazones se llenan de gozo.

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