Maestra del Dharma Cheng Yen
Traducido por el Departamento de Comunicación y Cultura de Tzu Chi USA en español
Todas las plantas y los árboles son seres sensibles. Cuando tomo asiento para estar en calma en el Refugio Jing Si, con la mente y el cuerpo en estado puro, siempre alcanzo a escuchar la respiración de la Tierra. El Refugio, abrazado por la montaña y abierto al mar, está rodeado por un vasto paraje. Durante el tifón Kangrui, los fuertes vientos y las intensas lluvias derribaron muchos árboles. No fue porque el suelo estuviera blando, sino porque los troncos se quebraron por la mitad y las raíces se desgarraron. Mi corazón se estremeció de tristeza al contemplarlo.
Estoy profundamente agradecida por el amor mostrado por los voluntarios de fe, los comisionados y mis compañeros. Después de resguardarse del tifón en sus casas, vinieron al Refugio en grupos para ayudar. Juntos despejaron las ramas y los troncos caídos, los cortaron en segmentos e incluso reutilizaron la madera para elaborar aceites esenciales.
El Refugio Jing Si es la cuna de Tzu Chi. De la herencia espiritual del Dharma Jing Si nació Tzu Chi. La presencia digna de cada miembro refleja el espíritu de los bodhisattvas. A menudo pienso en la época del Buda, cuando multitudes respondían a su llamada y se reunían en unidad llegados desde lugares lejanos. Con tan solo un ladrillo y una bolsa de cemento, cada pequeño esfuerzo contribuyó a la construcción del Salón Jing Si.
Durante casi sesenta años, Tzu Chi ha crecido desde empezar ahorrando “cinco centavos” en el mercado para ayudar a los necesitados con comida, atención médica y caridad, hasta llegar hoy a 136 países. Algunos podrían preguntar, con tantas necesidades que hay en Taiwán, ¿por qué brindar ayuda más allá? Pero en este vasto universo, todos respiramos el mismo aire. La Tierra gira y orbita alrededor del sol; día y noche siguen su curso en perfecta armonía, sin error alguno. A esto llamamos Yun, el principio inherente del universo.
En el Sutra del Corazón se dice: “Los cinco agregados están vacíos”. El agregado de la acción es una transformación muy sutil. Desde que nacemos, nuestro cuerpo cambia día a día a través de esta fuerza vital. Igual que las plantas y los árboles, al mirar hacia abajo, la hierba es verde y abundante; al mirar hacia arriba, los árboles extienden sus ramas y hojas, ofreciendo sombra a las personas. El problema es que, con la destrucción y el desarrollo, los bosques no tienen tiempo suficiente para crecer. Solo podemos recordarnos unos a otros ser siempre sinceros, conservar y atesorar todo lo que existe.
Los árboles pueden convertirse en materiales de construcción, pero ¿qué podemos ser los seres humanos? Si reflexionamos sobre nuestra vida, el verdadero valor radica en lo que podemos poner al servicio de otros. Quien puede ayudar a otros es verdaderamente bendecido.
¿Cómo podemos vivir en paz y estabilidad? Creando bendiciones, de modo que la buena fortuna se convierta en una tendencia.
Al hablar, debemos expresar gratitud; al recibir alimentos, apreciar lo que ha costado obtenerlos. En el comedor del Refugio hay un cartel con las “Cinco Contemplaciones al Comer”:
“Mide el mérito por el esfuerzo y considera la fuente”. Antes de comer, unimos las palmas y reflexionamos: “¿Lo que hice hoy ha beneficiado a otros?” Recordemos de dónde viene la comida. Quienes cultivan arroz y verduras trabajan con gran esfuerzo; debemos agradecerles.
“Reflexiona sobre tu propia virtud; distingue entre lo correcto y lo incorrecto”. Reflexionar es pensar con el corazón, vivir con discreción, cultivar la virtud. ¿Cuánto hemos dado a los demás? ¿Cuál es nuestro propósito en este mundo?
Un cuenco elaborado con finura surge de la mezcla de tierra y agua, moldeado por la mano y cocido en un horno hasta convertirse en una cerámica útil. La Tierra brinda luz solar, aire y suelo para que los árboles crezcan. Luego esos árboles se transforman en muebles y utensilios que sirven a nuestra vida cotidiana.
“Protege la mente y evita transgresiones; la codicia y otros vicios deben ser evitados”. ¿Por qué cometemos errores a veces? Porque dejamos atrás la pureza de nuestro corazón y nos apartamos de nuestra verdadera naturaleza. Para evitarlo, debemos alejarnos de la indulgencia y el exceso. Las bendiciones que disfrutamos hoy provienen de los buenos actos de vidas pasadas y debemos actuar ahora para sembrar otras para el futuro. Los bendecidos son aquellos dispuestos a ayudar a los demás y a contribuir al mundo; esa es la verdadera bendición.
Comprender la verdad exige permanecer alerta y conscientes; hablar y actuar con discreción. Al ganar dinero, siempre deseamos más. Cuando tenemos “uno”, queremos otro. ¿Es suficiente? “Agrega un cero”. “Todavía no basta”. “Agrega otro cero”.
“Debe haber más”. ¿Cuántos ceros añadiremos? La codicia no tiene fin.
En Zimbabue, se necesita una enorme bolsa de billetes para comprar cualquier cosa. Dos plátanos y un huevo pueden costar miles de millones de dólares zimbabuenses. ¿Son afortunadas esas personas? ¿O es que el dinero ha perdido todo valor?
El sufrimiento en el mundo es inevitable, pero incluso el sufrimiento trae bendiciones. Bendecidos son aquellos con buen karma, porque podemos tenderles la mano. Bendecidos son los que tienen amor, porque sus grandes bendiciones son la compasión abundante y la entrega desinteresada que les hacen tener un vasto campo de méritos. Cada gota de agua que fluye hacia el océano genera méritos sin límites.
Compilado a partir de las enseñanzas de la Venerable Maestra en la segunda ceremonia de certificación, bendiciones de fin de año, votos y ceremonia de encendido de lámparas en la Región Central, el 8 de noviembre de 2024.