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Nuestra Gran Causa

Oficina Nacional | Agosto 31, 2025

Maestra del Dharma Cheng Yen 
Traducido por el Departamento de Comunicación y Cultura de Tzu Chi USA en español

El Buda vino al mundo humano y enseñó el Dharma durante cuarenta y nueve años, transformando a las personas para que fueran más vigilantes, reverentes y más conscientes. Todos los seres sintientes poseen de manera innata la naturaleza de la sabiduría del Tathagata y tienen el mismo gran corazón compasivo que el Buda. Sin embargo, debido a las tendencias habituales acumuladas a lo largo de incontables vidas, nos hemos alejado cada vez más de nuestra naturaleza búdica, desarrollando indiferencia hacia la humanidad y perdiendo la compasión en el corazón. Así son los seres comunes. Ellos sufren cuando se enfrentan a situaciones, sienten miedo y se quejan de que nadie los cuida. Tal es la ignorancia de los seres sensibles.

En el Sutra del Loto se dice: “El mundo humano es como una casa en llamas”. El Buda es el gran anciano de esta casa, que ve a todos los seres sintientes de la tierra como a sus propios hijos. Mientras el anciano enseña y ayuda afuera, los niños en la gran casa disfrutan jugando y están llenos de codicia; de este modo, son como seres ignorantes. Cuando surge un pensamiento de inconsciencia, brotan chispas continuamente, y esas pequeñas chispas pueden encender fuegos kármicos.

La ira es como el fuego, mientras que la codicia es como el agua. Las inundaciones pueden destruir todo a su paso. Las personas piensan: “Quiero esto y también quiero aquello”. Aunque la tierra florezca con vitalidad, los seres comunes albergan pensamientos de codicia sin encontrar satisfacción. Toman de aquí y de allá, destruyendo en la búsqueda de lo que desean. Una vez que comienza la destrucción, el viento la arrastra, el agua la arrasa y todo colisiona para volverse aún más destructivo.

El Buda vino al mundo humano para enseñar el Camino del Bodhisattva; por eso, llamo a todos “bodhisattvas vivientes”, esta es la definición apropiada. Hay tanto sufrimiento en el mundo que, al involucrarnos en labores de auxilio, debemos tener conocimiento y responder con rapidez. Sin una preparación adecuada y una organización sabia, no tendríamos nada que ofrecer en casos de desastre. Por eso, debemos desarrollar sabiduría y unirnos para beneficiar a la humanidad con conocimiento puro e inmaculado.

Debemos además cultivar “la gran bondad amorosa incondicional y la compasión universal.” Para aquellos que no tienen conexión kármica con nosotros, que no son parientes ni conocidos, cuando se enfrentan a desastres y a sufrimientos debemos consolarles, acompañarles y proveerles sin demora. Esto es lo que hacen los bodhisattvas; esto es amor consciente. En el día a día, debemos aprender a cultivar este amor y aprender a ser bodhisattvas. Cuando la adversidad llega, podemos aplicar de inmediato nuestra sabiduría. Saber manejar las cosas con habilidad e inteligencia requiere aprendizaje, pero hacer lo correcto es sabiduría; a esto se le llama “despertar”. El Buda vino al mundo humano para enseñar a los seres confundidos a transformar la ilusión en claridad.

En el proceso que va de “aprender” a “despertar”, no podemos prescindir de seguir el Camino del Bodhisattva. Tú y yo somos todos bodhisattvas; juntos recorremos este camino. Yo puedo querer actuar, pero puede que no logre hacerlo. Cuando me doy cuenta de la situación, digo: “Por favor, comprueben si todos están a salvo”, “¿cómo están los desastres en esa región?” Entonces los voluntarios van rápidamente a averiguar cómo ayudar. Esto es aprender el Camino del Bodisatva y despertar a través de la entrega.

Los seres sintientes tienen sus propias ideas y perspectivas. Si no interactuamos con sabiduría, cuando los ayudemos podrían pensar: “Estas personas me tratan mal” o “me miran con lástima.” Aunque no tengamos relación alguna con ellos, cuando los abrazamos con cuidado sincero, el sentimiento es profundamente cálido.

Unirse a Tzu Chi realmente da valor a nuestras vidas. Si no hubiéramos entrado a Tzu Chi, incluso con carreras exitosas y altos cargos profesionales, seguiríamos viviendo solo para nosotros, para nuestra subsistencia, nuestros intereses y riqueza, todo para nosotros mismos. Entrar en Tzu Chi no se trata de buscar fama, provecho o beneficio personal, sino de dar incondicionalmente y con gratitud. Poder vernos unos a otros como hermanas y hermanos del Dharma, como compañeros bodhisattvas, ahí reside nuestro verdadero valor.

El Buda vino al mundo humano por una gran causa. Nosotros, los seres humanos, también tenemos una gran causa. Esa gran causa es Tzu Chi; esta “causa” es el vínculo que nos une. Con una misma mentalidad y aspiraciones compartidas, cumplimos el gran propósito del Buda al venir al mundo: enseñar y transformar a los seres sintientes, acudiendo a la gente para recorrer juntos el Camino del Bodhisattva.

Si no lo logramos, sería realmente lamentable. El Buda comprendió el sufrimiento del mundo humano e hizo votos para llegar a  las personas y “abrir, revelar, ayudar a comprender y permitir entrar” en el entendimiento y la visión del Buda. El Buda “abrió” y “reveló” las enseñanzas a los seres sintientes con la esperanza de que todos pudieran “comprender” y “entrar.” Tú y yo tenemos vínculos kármicos; ustedes me conocen y comenzaron a apoyarme en el trabajo de Tzu Chi. En el Camino del Bodhisattva, sus capacidades superan incluso las mías. Ustedes tienen familias, profesiones que atender, responsabilidades que cumplir y, aún así, encuentran la manera de dedicarse a esta misión y de atender a los más necesitados de la sociedad. Esto es verdaderamente admirable. ¿Cómo podría yo, una sola monástica, viajar a todos esos lugares? Los necesito a todos ustedes.

Los practicantes laicos del bodhisattva tienen la oportunidad de cultivar tanto las bendiciones como la sabiduría a lo largo del tiempo. Ante cualquier forma de sufrimiento que vivan los seres sintientes, ustedes mismos pueden acogerlos y apoyarlos. Con las condiciones y oportunidades kármicas, pueden visitar a las familias para brindar guía y cuidado a quienes atraviesan momentos difíciles. Pueden tender una mano personalmente, cuidando a todos como si fueran su propia familia, abriendo las vasijas de arroz, revisando sus alacenas y preguntando con cariño: “¿Tienen suficientes verduras hoy?” “¿habrá arroz mañana?”

¿Cómo podemos convertirnos en “seres despiertos”? Debemos aprender en el mundo humano. Solo al relacionarnos con las personas tendremos las condiciones kármicas para aprender. Con esas condiciones, encontramos el camino para andar por la senda del bodhisattva. Solo cuando este camino se abre ante nosotros, podemos despertar en el mundo humano y convertirnos en verdaderos practicantes budistas.

Compilado a partir de las enseñanzas de la Maestra Cheng Yen durante la reunión en el Centro de Respuesta a Desastres de Kaohsiung y la conversación con voluntarios de la Región de Pingtung, el 4 de julio de 2025.

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