Español

El amor es el valor más preciado en la vida

Oficina Nacional | Enero 31, 2025

Maestra del Dharma Cheng Yen
Traducción: Departamento de Comunicación y Cultura, Tzu Chi USA en español

Durante estos días, personas de distintos países han regresado a Taiwán con un propósito especial: recibir con dedicación las enseñanzas del Dharma y, aún más importante, conocer el espíritu de Tzu Chi. 

Tzu Chi va más allá de las fronteras; para nosotros, el mundo entero es una sola familia. Sin importar la religión que se practique, el camino que seguimos es el del amor. Cuando ofrecemos amor sin esperar nada a cambio, lo llamamos “gran amor”. Todas las religiones comparten valores como la compasión, la bondad y el amor universal. Solo cuando todos cultivamos ese amor y el cuidado por los demás, el mundo puede convertirse en un lugar más armonioso y feliz.

Debería nevar, pero brilla el sol; debería llover, pero hay sequías. Para que haya paz en el mundo, el clima debe mantenerse en equilibrio y la clave para lograrlo está en nuestro comportamiento. Si todos actuamos con responsabilidad, seguimos las normas y evitamos el desperdicio, los recursos alcanzarán para todos y nadie tendrá que pasar hambre.

Cuando los corazones humanos pierden el equilibrio y la sociedad cae en el desorden, es fácil que surjan conflictos. La guerra es la causante de la mayor destrucción en el mundo. Pero, con amor, podemos convivir en paz. No importa qué religión profesemos, todos compartimos la capacidad de amar. Hoy lo vemos reflejado en la reunión de voluntarios de Tzu Chi procedentes de más de diez países y regiones. Aunque hablemos diferentes idiomas, nuestros corazones laten al unísono.

El amor es el mayor regalo en la vida. ¡Y qué hermoso es! También es un arte: amar a todos y dejarnos amar. Cuando hay amor, podemos tener la esperanza de que habrá paz en el mundo. Agradezco de corazón a quienes han viajado durante diez y hasta veinte horas solo para regresar a Taiwán movidos por el amor. Aunque el viaje sea agotador, todos lo han hecho con alegría.

Durante la ceremonia de certificación de voluntarios, mientras cada uno de los visitantes pasaba frente a mí, escuché a un joven decir: “Maestra, sus hijos han regresado”. Ya sea la segunda, tercera o cuarta generación de Tzu Chi, para mí, todos son mis hijos. Yo también soy hija del Buda y heredera de sus aspiraciones. Ahora, las misiones de Tzu Chi están en sus manos y esperamos que ese amor desinteresado se difunda por todo el mundo.

Hoy en día, la población mundial supera los ocho mil millones de personas. Muchos países se enfrentan al sufrimiento y la inestabilidad. Si aprendemos a convivir en armonía, la Tierra podrá florecer con abundantes cosechas y prosperidad. ¿Qué más podríamos pedir? Necesitamos aprender a vivir con gratitud, estar satisfechos con lo que tenemos y comprometernos a cultivar el amor mutuo y a compartir nuestras bendiciones.

El principio más elevado en esta vida es el amor. En el amor se encuentran las verdades más profundas y todos los principios terminan llevándonos de regreso al amor. Cuando hay amor, nos respetamos y nos agradecemos los unos a los otros. Aunque las religiones tengan distintos nombres, sus valores esenciales son los mismos. Deseamos que, sin importar la fe que se practique, podamos compartir mensajes que beneficien a la humanidad. El cristianismo, el catolicismo y otras religiones predican el evangelio; nosotros también promovemos, por el bien de todos, los valores de “decir buenas palabras, hacer buenas acciones y seguir caminos buenos”. Abramos esos caminos, hagamos que la verdad se extienda y avancemos juntos por esta senda del amor para mejorar el mundo.

Es difícil definir el verdadero valor de las cosas en este mundo. Cuando tenemos hambre, la comida es un tesoro; cuando tenemos riqueza, lo son los diamantes y las perlas. Pero lo más valioso que existe es el amor. Sin amor, no puede haber paz. Cuando el mundo no está en paz, ni el oro ni la plata tienen sentido. En esos momentos, todo se llena de obstáculos y el peligro está siempre presente. Los paisajes más hermosos son aquellos que llenan el corazón de amor. Sentir amor en el corazón es la mayor fuente de felicidad. Como hoy nos hemos reunido, estamos unidos por ese gran amor.

Cuando certifiqué a los voluntarios, les dije: “Sean diligentes y lleven ese gran amor a la acción en su vida diaria”. Con la misión de Tzu Chi y el poder del gran amor, espero que los voluntarios de cada país trabajen para cultivar el amor mutuo y proteger nuestro planeta. Cuando tú y yo llevamos amor en el corazón, y ese amor se refleja en lo que hacemos, juntos podemos traer paz al mundo. Entonces, estaremos en el cielo; habremos nacido en la Tierra Pura.

Sin importar la religión que sigamos, todos compartimos el corazón del Buda: un corazón despierto. La benevolencia y la compasión nacen de un gran amor sincero. Cuando damos con sinceridad, sin esperar nada a cambio, estamos verdaderamente despiertos. Alá, el Señor, Jesús y el Buda Shakyamuni alcanzaron la iluminación en este mundo. Debemos tomar su ejemplo, seguir su espíritu y aprender el camino del despertar.

Somos compañeros de camino con una misma meta. Juntos, debemos contribuir al mundo, definir nuestras aspiraciones y recorrer el sendero del Bodhisattva de Tzu Chi para ampliar el gran camino del amor con un espíritu unido.

Compilado a partir de las enseñanzas de la Maestra Cheng Yen durante la Ceremonia de Certificación de Comisionados y Cuerpos de Fe del Extranjero y Bendición de Fin de Año, que tuvo lugar el 11 de diciembre de 2024, y la ceremonia de clausura del retiro espiritual para voluntarios en formación del norte de Taiwán, que se celebró el 1 de diciembre de 2024.

Más enseñanzas de la maestra

X
微信裡點"發現"
掃QRCode便可分享此頁
複製網址
前往微信
按"複製網址"後複製連結後,再按"前往微信"即可前往微信App分享此頁